Las comparaciones son odiosas y tramposas.

¿Alguna vez has sentido envidia al ver la vida de los demás?

Si te ha pasado alguna vez, no estás solo.

La envidia es un sentimiento natural . Aunque puedes aprender a sobrellevarla mejor, es difícil que llegues a eliminarla. Hay algo en nosotros que nos hace mirar a los demás y compararnos con ellos. Y si consideramos que estamos por debajo, nos sentimos mal.

Todas las comparaciones son odiosas. Pero frecuentemente las comparaciones son odiosas y tramposas.

 

Las comparaciones son odiosas y tramposas.

Cuando era pequeño, solíamos compararnos para ver quién corría más, quién jugaba mejor al fútbol o quién era más fuerte. Era una comparación odiosa, porque siempre alguien salía perdiendo. Pero era de alguna manera una comparación sin trampa, un niño se comparaba en todo con otro niño.

La realidad ahora es mucho peor.

Las comparaciones ahora son tramposas por dos motivos.

 

Primera trampa: No te comparas con una persona en su totalidad. Te comparas en cada habilidad con una persona que destaca en ella. 

Pretendes hablar tantos idiomas como tu amigo que ha vivido varios años fuera de España.

Pretendes escribir tan bien como la persona que se ha dedicado a ello toda la vida.

Pretendes ligar tanto comoel ligón del grupo.

Pretendes ir a restaurantes tan lujosos como tu amigo el millonario.

Quizá comparándote con esas personas en todo a la vez, podrías salir mejor en la foto. Pero si te tienes que comparar en todo con el mejor en cada cosa, vas a quedar bastante mal.

 

Segunda trampa: No te comparas con personas reales. Te comparas con imágenes trucadas de personas reales.

 

En general en la vida todo el mundo parece estar mejor de lo que está. Nadie quiere contar sus penas y mucho menos sus fracasos. Todo el mundo prefiere hablar de la morena que conoció, y no de la rubia que le dijo que había venido a hablar con su amiga. Todo el mundo prefiere hablar del blog que tiene miles de seguidores, que de otro blog que hizo y que nadie leía. Eso ha pasado siempre.

Pero además, en las redes sociales, pasa algo nuevo. No ves a nadie entero . Solo ves de alguien las partes que él te deja ver.

Además está “prohibido” por la sociedad parecer aburrido o triste. La publicidad nos enseña que tenemos que saltar, salir de “nuestra zona cómoda”, tener 100 amigos, y un cuerpo perfecto.

Como está en nuestra naturaleza querer agradar a los demás y ser aceptados, falseamos nuestra realidad y nos creamos “una vida de papel”: un superhéroe  que sería a nosotros lo que Superman a Clark Kent. Y con esa imagen de los demás ( más falsa que un reloj de los chinos) es con la que nos comparamos.

 

Compárate, es casi imposible que lo dejes de hacer de un día para otro. Pero si lo haces, por lo menos hazlo bien.

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Nos comparamos en cada cosa con una persona y en su versión ideal.
Nos comparamos en cada cosa con una persona y en su versión ideal.

No quiero acabar este post sin recoger un vídeo que refleja muy bien la segunda de las trampas que he mencionado.

 

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=PjndafVyyYY&feature=youtu.be&utm_content=buffer25732&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

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