entorno de resultados diferidos

Por: Tharrin

Cualquier lugar del mundo hace 200000 años.

Un hombre camina por mitad de la sabana. Tiene sed, pero por suerte está cruzando por un río así que bebe agua. Unos pasos más adelante se encuentra con unos frutos en unos arbustos. Le vienen muy bien porque tenía mucha hambre. Por desgracia al mover el arbusto ha atraído a un tigre. En cuanto lo ve, el hombre sale corriendo y no para hasta llegar a su cueva.

Cualquier lugar del mundo. Hoy.

Un hombre va a una clase de idiomas. Lleva años intentando aprender inglés sin conseguirlo. Pasa por delante de una tienda de donuts. Le apetecería comer uno, pero sabe que no debería si quiere bajar peso. Un compañero de su empresa le llama por teléfono y le dice que van a despedir a la mitad de la plantilla.

La vida de un ser humano hoy es radicalmente diferente de la de hace doscientos mil años. Pero sobre todo es diferente en una cosa: El entorno ya no es un entorno de resultado inmediato.

 

Las cebras no tienen estrés

 

Hace muchos años recuerdo haber visto en una librería un libro que tenía ese título: Las cebras no tienen estrés. ¿Por qué el ser humano sí lo tiene?

En realidad el ser humano no siempre ha tenido estrés. Durante la mayor parte de su historia, el ser humano ha vivido en un entorno de resultado inmediato. En su curso The Mysteries of Human Behavior, Mark Leary explica la diferencia entre un entorno de resultado inmediato y un entorno de resultado diferido.

En el entorno de resultado inmediato todos los esfuerzos que haces producen (si funcionan) un beneficio directo. Si lanzas una flecha a una gacela, o bien le aciertas y ya has cazado la gacela o bien fallas y ya sabes que no le has dado.

Ese es el mundo en el que se mueven todos los animales, y el mundo en el que se han movido los seres humanos hasta hace poquísimo tiempo.

En ese entorno de resultado inmediato no hay lugar para las preocupaciones y el estrés. No hay efectos a más largo plazo. Si algo sale bien, ha salido bien. Si algo sale mal, ha salido mal.

La acción y el resultado están unidos en el tiempo. Por eso no existe el estrés.

En el entorno de resultado diferido los esfuerzos pueden producir un efecto a largo plazo.

Estudias para que dentro de varios años puedas hablar un idioma.

Adelgazas para estar más delgado para el verano.

Te comentan que puede salir una nueva ley que perjudique tu negocio.

Tu pareja te llama y te dice que tenéis que hablar.

Tanto para los resultados positivos como para las preocupaciones, se abre una brecha de tiempo entre la posible acción y el resultado.

Es como un acordeón que se estira. Y entre la acción actual y el resultado futuro se cuelan los problemas de la fuerza de voluntad (y la procrastinación) y la ansiedad o estrés.

Entorno de resultados diferidos

¿Por qué nos cuesta adaptarnos a un entorno de resultado diferido?

El problema es el de siempre. Nuestra mente está preparada para un mundo diferente al actual. Nuestro cerebro está preparado para un entorno de resultado inmediato.

En los últimos miles de años, nuestro entorno ha cambiado mucho. Pero nuestro cerebro no ha tenido tiempo a adaptarse.

Estamos atrapados en un entorno de resultado diferido con un cerebro que está acostumbrado a un resultado inmediato.

¿Cómo podemos solucionar ese conflicto?

Las metas volantes

Una posibilidad para adaptarte a un entorno de resultado diferido es acercar los resultados al presente. Cerrar ese metafórico acordeón entre la acción y el resultado.

En los maratones, la mayor parte de los corredores piensa en los tiempos parciales. Eso te permite tener un feedback inmediato a lo que estás haciendo. Lo que produce eso es un acercamiento del resultado global mediante su conversión en varios resultados parciales.

Si tu meta final es publicar un libro, una meta volante podría ser escribir un capítulo.

Al fraccionar el resultado final más complicado, obtienes resultados parciales más asequibles lo que te permite evitar la procastinación.

Las treguas

Mientras que las metas volantes fraccionan el resultado final, las treguas fraccionan el esfuerzo. Para evitar saturarte te centras en hacer una parte del esfuerzo total, y cuando lo has hecho, descansas un rato.

Un ejemplo es el sistema pomodoro, que divide el tiempo de trabajo en varios segmentos de una duración determinada.

Otro ejemplo es cuando en una complicada instrucción militar los soldados no piensan en todo el esfuerzo que tendrán que hacer hasta el final, sino solamente en lo que les queda hasta el siguiente permiso.

Centrarte en el momento presente

No soy de los nostálgicos que piensan que la sociedad actual es la raíz de todos los males. La mayor parte de los problemas de la humanidad se deben a que nuestro crecimiento como especie ha superado los ritmos normales de la evolución. Pero algunos de nuestros avances ( como la capacidad para el pensamiento abstracto y la planificación del futuro) llevan consigo ciertos inconvenientes.

Eso es lo que ocurre con tener la mente en el presente. Para un animal es muy fácil vivir en el presente, al igual que para un ser humano primitivo. Su mundo lo favorecía. Sin embargo hoy en día vivir en el momento presente requiere una voluntad decidida a ello.

Establecer tus estrategias para centrarte en lo que haces en el momento presente y para medir tus resultados de la manera más inmediata posible te permitirán tener muchos menos problemas de fuerza de voluntad y de ansiedad.

Y de todas maneras mira el lado positivo. Pensar que te pueden echar del trabajo no es agradable, pero ¿acaso prefieres que te persiga un tigre?

 

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