La mentalidad de comparación vs la mentalidad de aceptación.

¿Eres exactamente como te gustaría ser?

¿Eres tan alto, tan guapa, tan rica, tan elegante, tan exitoso como te gustaría ser?

Por: flickr.com/photos/evilerin/3435417453

Lo más probable es que no sea así. Y si juntamos varias de esas características, entonces es totalmente seguro que no es así.

Siempre habrá una persona más alta, más guapa, más rica, más elegante, más exitosa.

Si ganas 500 euros al mes, envidiarás al que gana 1000. Pero el que gana 1000 no disfruta de ganar más que el de 500, sino que envidia al que gana 2000. Y el que gana 2000 se compara con el que gana 5000. Y así sucesivamente.

Siempre nos comparamos con los que están mejor que nosotros. Y como el césped siempre está más verde en el jardín del vecino, siempre estamos insatisfechos. Insatisfechos e inseguros, porque pensamos que no somos lo suficientemente buenos.

Si te comparas con los demás nunca vas a ganar. Siempre va a haber alguien que esté por encima de ti.

¿Y si pruebas a ignorar eso y aceptarte?

Pero aceptarte no ha de ser una excusa para no mejorar. Aceptarte es aceptar las cosas que no puedes cambiar: no puedes ser más alto, no puedes ser más joven. Pero aceptarte también es aceptar las cosas que puedes cambiar como una situación en el camino.

Acéptate en tu estado actual de forma. Acéptate gordo si estás gordo, acéptate sin formación. Pero que esa aceptación sea la aceptación de un camino. Estás intentando mejorar y eso está bien. Estás en el camino para mejorar, así que no tienes nada que reprocharte.

Aceptarte a ti mismo y la mentalidad del merecedor

Aceptarte a ti mismo está relacionado con tener la mentalidad del merecedor que comenté en otra entrada. Un merecedor, cuando las cosas van mal, acepta que tiene que trabajar más para conseguir los resultados.

Acepta el dolor de saber que no está en la meta, pero busca también el placer de saber que está caminando hacia ella.

Cuando otro consigue un resultado que a ti te gustaría, haz lo que decía un carro que vi una vez en una playa de Brasil. Un hombre llevaba un carro de refrescos que imagino que sería todo su patrimonio. Puede parecer poco, pero era mucho más de lo que tenía la mayoría de la gente allí. ¿Sabes que ponía el carro? “Nao enveje trebalhe” No envidie, trabaje.

La aceptación líquida y la aceptación congelada

Muchas frases de internet te dicen que te aceptes a ti mismo. Pues bien, ese consejo, así sin más aclaración, es un error. Si te aceptas como eres sin pretender cambiar, estás haciendo una aceptación congelada. Una aceptación que te impide progresar, porque si ya aceptas totalmente como eres, ¿para qué vas a esforzarte para cambiar?

Esa aceptación congelada sirve para las cosas que están congeladas y no puedes cambiar. Tu altura, tu origen, tu edad.

Pero la mayoría de las cosas sí se pueden cambiar. Puedes cambiar tu fortuna, tu cultura, tu estado físico, tu manera de ser. Puedes cambiarlo prácticamente todo. Por eso para la gran mayoría de las cosas es necesaria una aceptación líquida. Aceptarte como eres pero sabiendo que dentro de ti, dentro de lo que aceptas, está el deseo de cambiar.

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