En las épocas de nuestros padres y abuelos ninguna pareja convivía antes de casarse. Esa opción no existía. Nadie podía meter el pie un poco en el agua para saber si estaba fría. Se tomaba la decisión de casarse o no casarse, y luego, dado que el divorcio o no existía o no se usaba, se aceptaban las consecuencias.

Poco a poco las cosas fueron cambiando. Hoy en día, al menos en España, es infrecuente que una pareja se case sin haber estado viviendo juntos durante un tiempo.

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Vivir juntos.

Decidir vivir juntos es más sencillo que decidir casarse o comprometerse. Al igual que decidir probar un programa de ordenador es más sencillo que comprarse el programa. En ocasiones vivir juntos no es siquiera algo que se decida, sino algo que ocurre.

Un día la chica duerme en tu casa. Al cabo de unos días pasa un fin de semana entero. Y cuando deja el cepillo de dientes en tu baño ( "Para no tener que estar trayendo y llevando el neceser") sabes que la convivencia está a punto de empezar.

Después (como se suele decir para justificar una noche de sexo) una cosa lleva a la otra. Y cuando te quieres dar cuenta puedes tener planes de boda, una casa en común, un perro y hasta algún niño.

La cuestión que se han planteado diversos autores es cómo afecta el vivir juntos a la posibilidad de divorcio.

El efecto de la cohabitación previa al compromiso.

En un estudio (Rhoades y otros 2009) se usó una encuesta telefónica de hombres y mujeres para descubrir el efecto de la cohabitación. El resultado fue que aquellas personas que habían convivido antes del compromiso ( un 43,10%) tenían menos satisfacción marital, dedicación y confianza, así como una comunicación más negativa y más posibilidades de divorciarse que aquellos que solo habían empezado a convivir después del compromiso ( 16,40%) o que no lo habían hecho hasta el matrimonio ( 40,50%). Entre estos dos últimos grupos no había prácticamente diferencias.  Parece que la diferencia está marcada por si se convive antes del compromiso y no antes del matrimonio.

Según los autores de ese estudio, la diferencia entre el primer grupo y los otros dos no son demasiado grandes, pero existen, y no se justifican por diferencias como edad, ingresos, educación o creencias religiosas.

El estudio de 2009 coincide con otros estudios anteriores que habían observado ese efecto de la cohabitación previa al matrimonio.

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Críticas.

En un estudio reciente ( Kuperberg 2014) se discute ese efecto. La autora afirma que si se consideran las diferencias por edad, la tendencia al divorcio entre las parejas que han convivido antes del matrimonio y las que no han convivido son casi imperceptibles.

 

Opinión.

Es muy difícil sacar conclusiones. Pero si es cierto que vivir juntos o no vivir juntos antes son maneras diferentes de acceder al matrimonio. Y es muy difícil pensar que ese diferente acceso no afecte, de una forma u otra, a las consecuencias que se producen en el matrimonio.

En todo caso estamos hablando de diferencias pequeñas. Y que considero que no deberían condicionarte a la hora de decidir si quieres vivir con alguien o no.

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