Deja la gloria para otro.

Es difícil resistirse. Extremadamente difícil. Somos como el muñeco del come cocos. Buscamos las grandes recompensas, pero mientras llegan, no podemos evitar seguir comiendo todos los objetos brillantes que vemos. Buscamos cada pequeño momento de gloria, y lo intentamos recoger como los puntos brillantes o las monedas de oro de los videojuegos.

Por: flickr.com/photos/nicokaiser/5842753492/

Cada pequeño momento de triunfo genera una inyección de dopamina.

¿Tenías razón en que la empresa que da trabajo a más gente en el mundo es McDonalds? Subidón.

¿Alguien dice que te queda muy bien el nuevo peinado? Subidón.

¿Alguien menciona que has sido el mejor del equipo? Subidón.

No estoy en contra de que te sientas bien por eso. Todo lo contrario. Me parece que uno tiene que disfrutar al máximo cada vez que tenga oportunidad.

Pero nada es gratis. Si te sientes bien cuando todo va bien, es muy difícil que no te sientas mal cuando las cosas salen mal.

 

Los genes

Te dicen que eso es el ego: la necesidad de destacar.

Puedes llamarlo ego. Puedes llamarlo como quieras pero eso no cambia el hecho de que es algo que está dentro de la naturaleza de todos los seres humanos. No sabemos lo que pensarán las lagartijas, pero estoy bastante seguro de que si llegara a haber una carrera de lagartijas la campeona se sentiría muy contenta y la perdedora estaría triste.

¿Por qué?

Pues porque es lo natural. Porque la evolución ha dado lugar a que los sentimientos te den una zanahoria cuando tus posibilidades de reproducción y supervivencia aumentan y un palo cuando disminuyen.

Toda tu biología está preparada para que cuando alaban a otro jugador de tu equipo te lleven los demonios, y cuando te alaban a ti sientas que caminas por el cielo.

Es nuestro sistema de recompensas. Negarlo es tan absurdo como negar que preferimos estar tomando el sol en las Maldivas a coger el cercanías a las 6 de la mañana para ir a trabajar.

La modestia

Y entonces, ¿la modestia? ¿no hay mucha gente que es modesta?

A los seres humanos nos pasa como a los coches. Podemos parecer distintos por fuera, pero por dentro todos tenemos motores parecidos.

Sé que a muchos no les va a gustar esto, pero la gran mayoría de los casos de modestia extrema no son sino imposturas.

Detrás de cada figura de cuasi santidad, hay una sombra tan grande que es capaz de comerse al personaje.

¿Gandhi?

http://www.abc.es/20120907/medios-redes/abci-cara-oscura-gandhi-201209071258.html

¿La madre Teresa de Calcuta? https://elpais.com/internacional/2016/09/04/actualidad/1472980683_884891.html

¿El Dalai Lama?

https://www.investigaction.net/es/no-tan-zen-el-lado-oculto-del-dalai-lama-por-maxime-vivas/

Tenía razón Napoleón cuando decía que ningún hombre es grande para su ayuda de cámara. Lo sabía de propia tinta, imagino.

Como tantos otros grandes hombres y grandes mujeres. https://listas.20minutos.es/lista/el-lado-oscuro-de-39-personas-que-cambiaron-la-historia-252620/

La mayor parte de las veces, quienes supuestamente renuncian al ego no hacen otra cosa que desviarlo. El mismo monje que dice renunciar al ego es el que quiere ser más puro que todos los demás monjes.

Porque sí mira, todos los gurús que hablan de la unión universal y de que todos los seres somos uno son los que luego ingresan los donativos en su cuenta particular. Porque tú y yo seremos uno con el planeta, pero mi cuenta es mi cuenta y de nadie más.

Todos estamos sometidos a los mismos apetitos. Bueno o casi todos. Igual que casi todos nacemos con dos piernas, casi todos nacemos con ganas de comer, deseo sexual, curiosidad, miedo, y ego. Sí, ego.

Y como cualquier otro sentimiento, si el ego está ahí es porque sirve para algo. Así que no dejes que te engañen diciendo que el ego hay que arrancarlo, porque los que lo dicen solo quieren arrancar el tuyo para castrarte emocionalmente.

De hecho Gabriel García Márquez dijo una vez que si no aspirabas a escribir mejor que Cervantes era mejor que te dedicaras a otra cosa.

 

¿Entonces qué hago?

Una cosa es que el ego tenga que estar ahí, y otra que no tengas que aprender a gestionarlo. Es como las ganas de hacer pis. Ni puedes eliminarnas ni deberías hacerlo, pero sí puedes aprender a gestionarlas para que no te pase como a mí y te hagas pis cuando estés en un avión a punto de aterrizar.

Cómo gestionar el ego

La primera regla es separar la realidad de la fantasía. Que tú quieras ser mejor jugador que Ronaldo y Messi no significa que lo seas. Que lo quieras ser me parece fabuloso, que creas que lo eres ya, me parece estúpido ( salvo que de verdad lo seas, en cuyo caso lo que deberías hacer es mandarme tu correo y dejar que yo gestione todos tus contratos)

La segunda es separar tu sentimiento de las manifestaciones de tu sentimiento. Tú puedes llegar a ser el mejor vendedor de coches usados de la historia, y si quieres te lo puedes repetir en el espejo todas las mañanas. Pero si en la fiesta del trabajo te dedicas a decir lo maravilloso que eres, puede que los demás no estén demasiado contentos con ello.

La tercera es entrenar tu ego para que ignore los pequeños puntos brillantes y busque las frutas, para que luche las batallas que realmente merezcan la pena.

No va a ser fácil, te lo adelanto.

Cada vez que discutas sobre una chorrada, tu ego te va a gritar que no le dejes salirse con la suya.

Cada vez que alguien te excluya de un comentario positivo, tu ego va a patalear pidiendo venganza.

Cada vez que puedas quedar por encima de alguien, tu ego te va a susurrar al oído que lo aproveches.

El ego es así. Eres tú quien ha de domarlo. No eliminarlo, no ignorarlo, no tratarlo como si fuera una maldición bíblica. Domarlo. Decirle que no, que tú no has venido aquí para tener razón en una discusión de Twitter, que tú buscas otra cosa: tu porqué.

Deja que otros se lleven los puntos brillantes. Aprende a disfrutar de la sensación de estar por encima de esas cosas. ¿Qué es ego? Claro que es ego. Pero ego entrenado y domesticado. Un ego que te sigue como un perro guardián y no que te muerde la pernera del pantalón.

Deja que otros se lleven los pequeños momentos de gloria. Esa no es tu lucha. Tú has venido aquí para otra cosa, tú has venido aquí para comer las frutas.

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