un poco más

No creo que importe cómo sea de grande o de pequeña la tarea.

Si lo puedes hacer solo un poco mejor de lo esperado, serás notado y recompensado.

 

Un poco mejor

Cuando tenemos que hacer algo, nos solemos conformar con hacerlo a un nivel suficiente.

Está bien, podemos sobrevivir así. Pero si quieres llegar lejos tienes que hacer algo más.

Los americanos lo llaman "walk the extra mile" Caminar la milla extra. Hacer un poco más de lo que tienes que hacer. Si lo haces así, alguien se dará cuenta. Alguien se sorprenderá de que hayas ido más allá, y querrá trabajar contigo en lugar de con los que simplemente cumplen el expediente.

Y por supuesto no es aplicable solo a los negocios. También es aplicable a las amistades. Puedes ser el único que llama a ese amigo que está solo a ver qué tal se encuentra, puedes ser el único que le diga al conductor del autobús de tus hijos que le agradeces lo bien que ha llevado el autobús todo el año.

Hazlo un poco mejor, solo un poco mejor, y serás recompensado.

 

Muchas veces se habla del infierno. Del infierno de los demonios, del que está en otro mundo.

Pero hay otro infierno. El infierno de esta tierra. El infierno que a veces generamos para los demás o los demás nos generan a nosotros.

Jean Paul Sastre dijo "el infierno son los otros"

Italo Calvino, en su libro "las ciudades invisibles" no se contenta con decirlo, sino que nos da una solución.

"El infierno de los vivos no es algo que será: existe ya aquí y es el que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos.

Dos formas hay de no sufrirlo.

La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo ya. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio."

 

Este año ha sido un año muy difícil.

Un año en que hemos estado distanciados de personas que nos importan.

Un año en que muchos planes se han truncado.

Un año en que nada es como era antes.

Y un año en que hemos tenido tiempo y necesidad de reflexionar.

Nunca se sabrá el daño que ha producido lo que se ha llamado confinamiento y se ha sentido más bien como un arresto domiciliario. Una privación absoluta de libertad  ( más o menos justificada, en eso hay opiniones distintas) por la lucha el coronavirus.

Sin embargo hay alguna cosa positiva. Una de ellas es que nos ha acercado a la idea de nuestra propia fragilidad y mortalidad.

 Todos los hombres son mortales

Muchas veces,especialmente cuando somos jóvenes, nos sentimos inmortales. Creemos que nuestro tiempo es infinito. Eso nos permite vivir tranquilos pero a la vez nos engaña. Nos hace olvidar quiénes somos y cómo es nuestra vida.

En el libro ( y en la serie ) de Juego de Tronos, los habitantes de Braavos se saludan con una frase antigua en Alto Valirio: Valar Morghulis “todos los hombres deben morir”

Es el célebre "memento mori" de los romanos. En algunas épocas, el emperador llevaba a su lado un esclavo que le murmuraba periódicamente "memento mori": recuerda que vas a morir. Se suponía que recordar la muerte, evitaría el endiosamiento del emperador.

Puede que recordar que somos mortales sirva para evitar la soberbia, pero tiene otra utilidad mucho mayor.

En la novela de Simone de Beauvoir "todos los hombres son mortales", habla de un hombre que nace en la italia del Renacimiento y por un azar del destino se convierte en inmortal. Lo que parece ser una bendición, acaba resultando una condena. El tiempo pasa, y toda la gente que ama muere y llega un momento en que desea acabar con su vida, porque siente que no tiene valor.

El tiempo que tenemos

Sea bueno o malo ser inmortal, la realidad es que nosotros no tenemos elección. Somos mortales, y nuestro tiempo en esta tierra es limitado. 

El mago Gandalf en el libro de JRR Tolkien "La hermandad del anillo" pronuncia una frase fascinante: "All we have to decide is what to do with the time that is given us.”

Todo lo que tenemos que decidir es qué hacemos con el tiempo que nos es dado.

Tu tiempo no es infinito, tu tiempo es limitado.

Una sola vida

Tienes solo una vida. Hay muchos condicionantes externos: la sociedad, tu entorno, tus ideas morales. Todo eso te condiciona y te limita. Puede que sea malo o puede que no. Pero hay una cosa que es cierta, tu vida es solo tuya y nadie va a morir por ti. 

Decide qué haces con tu tiempo. No cómo si fuera el último día, porque no se puede vivir siempre como si fuera el último día. Pero sí como si te fueras a morir, porque te vas a morir.

Haz lo que tú quieres y no lo que quieren otros. Haz lo que deseas y no lo que se espera de ti.

Si no sabes lo que quieres, descúbrelo.

Si sabes lo que quieres, entonces atrévete a buscarlo. 

Decide lo que quieres hacer con el tiempo que te ha sido concedido, y cuando estés en el lecho de muerte y mires hacia atrás, podrás cantar lo que cantaba Frank Sinatra: lo hice a mi manera.

En muchas ocasiones se habla de que se han cumplido las profecías de George Orwell en su libro 1984. Y en muchas cosas es verdad.

Sin embargo hoy he leído una cita relativa a la distopia de Aldous Huxley que me ha hecho reflexionar. Me ha parecido tan buena que no puedo resistir la tentación de compartirla.

Lo que Orwell temía eran aquellos que prohibirían los libros. Lo que Huxley temía era que no habría razón para prohibir un libro, ya que no habría nadie que quisiera leer uno. Orwell temía a quienes nos privarían de información. Huxley temía a quienes nos darían tanta que nos reducirían a la pasividad y al egoísmo.

Orwell temía que la verdad se nos ocultara. Huxley temía que la verdad se ahogara en un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convirtiéramos en una cultura cautiva. Huxley temía que nos convirtiéramos en una cultura trivial, preocupada por algún equivalente de los sentimientos, la orgía porgy y el cachorro centrífugo.

Como Huxley comentó en "Brave New World Revisited", los partidarios de las libertades civiles y racionalistas, que están siempre alerta para oponerse a la tiranía, "no tuvieron en cuenta el apetito casi infinito del hombre por las distracciones".
En 1984, las personas son controladas infligiendo dolor. En Brave New World, se controlan infligiendo placer. En resumen, Orwell temía que lo que tememos nos arruinara. Huxley temía que nuestro deseo nos arruinara.

Neil Postman

 

Nota:

Orgy-porgy en la obra de Huxley es un canto que se repite como parte de un círculo de solidaridad después de beber soma, pero antes del sexo grupal

Centrifugal Bumble-puppy es un juego en el que los niños lanzan una bola en una plataforma. La bola cae al interior a un disco giratorio que lanza la bola en una dirección aleatoria en la que debe ser capturada.

La cita de este artículo está tomada del libro divertirse hasta morir (Amusing Ourselves to Death: Public Discourse in the Age of Show Business)

 

 

“Always remember that to argue, and win, is to break down the reality of the person you are arguing against. It is painful to lose your reality, so be kind, even if you are right.” Murakami

“Siempre recuerda que discutir y ganar es romper la realidad de la persona contra la que estás discutiendo. Es doloroso perder tu realidad, así que sé amable, incluso si tienes razón ”. Murakami

El conjunto de las ideas antiguas

El ser humano se aferra a las ideas antiguas.  Cuando viene una idea nueva, trata de luchar contra ella todo lo que puede.

¿Por qué?

Nuestro mundo es un conjunto de ideas, ciertas, equivocadas y simplemente locas. Un conjunto extraño pero normalmente en equilibrio. Y no es un equilibrio fácil. Es un equilibrio conseguido después de tratar de encajar las ideas juntas a patadas.

A todos nos gustaría tener un sistema de ideas totalmente coherente. Pero no lo tenemos. Los sistemas coherentes precocinados que se nos ofrecen solo funcionan en una pizarra, cuando todo es abstracto. Cuando tratas de llevarlos a la realidad, todo se desmonta.

Así que tomamos una idea de aquí, otra de allá, tapamos una contradicción por este lado y nos inventamos una forma de cubrir una incoherencia por el lado contrario.

Y al final tenemos el conjunto retorcido en equilibrio que llamamos "mis creencias".

Somos como un coleccionista que ha estado colocando sus cochecitos de metal durante años. No queremos que nadie venga a tocar nada. Nos gusta que venga otra persona a decirnos que nuestra colección es maravillosa, pero si quiere tocar algo, entonces deseamos cortarle la mano.

El sesgo de la confirmación

Como buenos protectores de nuestras ideas, cuando una idea nueva llega nos preguntamos ¿encaja con mis creencias anteriores? No es muy diferente de lo que haría un jefe con un nuevo empleado preguntándose ¿encaja con los empleados que ya tengo?

Si la idea coincide con lo que pensábamos antes, la recibimos bien. Si no encaja, tratamos de resistirnos. 

Es el sesgo de confirmación.

El drama de estar equivocado

Cuando discutimos y alguien nos hace ver que estábamos equivocados, nos sentimos doblemente mal. Por un lado, nuestro ego se resiente por el golpe a la autoestima. Por otro lado, nuestro sistema de creencias tiembla.

Es difícil admitir que estábamos equivocados. Por eso Murakami nos pide compasión con los otros cuando les refutamos una idea. Y por eso, deberíamos entender nuestro propio malestar cuando alguien nos demuestra que estábamos equivocados.

 

"Los compradores deciden en los primeros ocho segundos de ver una casa si están interesados ​​en comprarla. Salga de su automóvil, camine en sus zapatos y vea lo que ven en los primeros 8 segundos."

Barbara Corcoran.

 

La importancia de una primera impresión

El otro día me encontré esa frase en una red social. Me llamó la atención.

Hay una parte de ella he escuchado muchas veces: la primera impresión es fundamental. Solo hay una oportunidad de causar una primera impresión y esas cosas.

Vale, es cierto. Nada nuevo.

Pero en esa frase hay algo más. No vale con tratar de preparar la primera impresión. Tienes que preparar la primera impresión de la otra persona. No tu primera impresión, no la primera impresión que tendrías tú si estuvieras en el lugar de la otra persona. Sino la primera impresión del otro.

 

Los muebles del dentista

Recuerdo una vez que buscaba un dentista para hacerme dos implantes. Visité hasta cuatro dentistas preguntando presupuestos y tratando de ver cuál me daba mejor impresión.

Uno de ellos me recibió en su consulta. El hombre no tenía mal aspecto, pero los cajones del armario estaban rotos y desconchados: parecía que se pudieran caer en cualquier momento. Puede que eso demuestre que era poco cuidadoso o puede que no. Lo que sí es cierto es que en esos 8 segundos, ese dentista me perdió como cliente.

El restaurante de la India

En otra ocasión estaba buscando un restaurante en un lugar de la isla de Goa. No había demasiados que tuvieran un buen aspecto. No soy exquisito para comer, pero sí delicado de estómago y sé que en esos países hay que tener mucho cuidado.

Entré en el restaurante que tenía mejor pinta. Me senté en la mesa y leí la carta. Pero aunque la carta estaba plastificada, la suciedad hacía imposible tocarla sin sentir asco.

¿Demuestra una carta sucia que el restaurante es un sitio sucio? Algunos dirán que sí y otros que no. Sea como sea, no comí en ese restaurante.

Ocho segundos

Imagina que eres un cliente, una persona con la que has quedado en una cita, un comprador o un vendedor. Imagina que llegas y te ves a ti mismo. Y ves tu ropa, tu postura, tu casa o tu despacho, tu producto o tu servicio. Y te escuchas hablar. Y te miras moverte.

¿Qué pensarías? ¿Qué podría hacer que te fueras? ¿Qué podría hacer que te quedaras?

Quizá no se trata de los ocho segundos. Quizá lo importante es aprender a mirarte con los ojos de los demás, darte cuenta de lo que estás ofreciendo al mundo y aprender a mejorarlo.

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