“Always remember that to argue, and win, is to break down the reality of the person you are arguing against. It is painful to lose your reality, so be kind, even if you are right.” Murakami

“Siempre recuerda que discutir y ganar es romper la realidad de la persona contra la que estás discutiendo. Es doloroso perder tu realidad, así que sé amable, incluso si tienes razón ”. Murakami

El conjunto de las ideas antiguas

El ser humano se aferra a las ideas antiguas.  Cuando viene una idea nueva, trata de luchar contra ella todo lo que puede.

¿Por qué?

Nuestro mundo es un conjunto de ideas, ciertas, equivocadas y simplemente locas. Un conjunto extraño pero normalmente en equilibrio. Y no es un equilibrio fácil. Es un equilibrio conseguido después de tratar de encajar las ideas juntas a patadas.

A todos nos gustaría tener un sistema de ideas totalmente coherente. Pero no lo tenemos. Los sistemas coherentes precocinados que se nos ofrecen solo funcionan en una pizarra, cuando todo es abstracto. Cuando tratas de llevarlos a la realidad, todo se desmonta.

Así que tomamos una idea de aquí, otra de allá, tapamos una contradicción por este lado y nos inventamos una forma de cubrir una incoherencia por el lado contrario.

Y al final tenemos el conjunto retorcido en equilibrio que llamamos "mis creencias".

Somos como un coleccionista que ha estado colocando sus cochecitos de metal durante años. No queremos que nadie venga a tocar nada. Nos gusta que venga otra persona a decirnos que nuestra colección es maravillosa, pero si quiere tocar algo, entonces deseamos cortarle la mano.

El sesgo de la confirmación

Como buenos protectores de nuestras ideas, cuando una idea nueva llega nos preguntamos ¿encaja con mis creencias anteriores? No es muy diferente de lo que haría un jefe con un nuevo empleado preguntándose ¿encaja con los empleados que ya tengo?

Si la idea coincide con lo que pensábamos antes, la recibimos bien. Si no encaja, tratamos de resistirnos. 

Es el sesgo de confirmación.

El drama de estar equivocado

Cuando discutimos y alguien nos hace ver que estábamos equivocados, nos sentimos doblemente mal. Por un lado, nuestro ego se resiente por el golpe a la autoestima. Por otro lado, nuestro sistema de creencias tiembla.

Es difícil admitir que estábamos equivocados. Por eso Murakami nos pide compasión con los otros cuando les refutamos una idea. Y por eso, deberíamos entender nuestro propio malestar cuando alguien nos demuestra que estábamos equivocados.

 

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