El día que no me tocó la lotería.

No necesito mirar ninguna lista.

Sé que un año más no me ha tocado la lotería.

No es que mi memoria sea excepcional. Es que tan solo he jugado cinco euros y contra mi voluntad. Mi habilidad para regatear distribuidores de participaciones no me bastó para superar a un cliente empeñado en recibir un donativo disfrazado de participación.

No encuentro la gracia a la Lotería. Jugar dinero para poder ganar dinero. Con una parte importante que se queda por el camino. Y una cantidad tan pequeña que ni siquiera tiene el placer masoquista de pensar que puedes perderlo todo ( ver “el jugador de Dostoievski).

 

Por: flickr.com/photos/gonmi/14340167110/

 

No creo que sea malo jugar a la lotería. Cualquier entretenimiento es bueno si nos hace más bien que mal.

El problema no es jugar a la lotería. El problema es cederle a la lotería nuestras esperanzas de que nuestra vida mejore. Pensar que solo si el azar nos concede una generosa cantidad de dinero nuestra vida merecerá la pena. Externalizar las ilusiones.

No se trata de pensar, consolándonos, que al menos tenemos salud. Tenemos mucho más que salud. Tenemos la posibilidad de cambiarlo todo.

Si tu vida no es lo suficientemente maravillosa ( y casi nunca lo es), tú tienes las herramientas para conseguir que lo sea. Tú eres el único responsable de crear tu propia esperanza.

Crear tu propia esperanza es colocarla a tu alcance. Es determinar que nadie más puede decidir si serás o no serás afortunado. Es crear tu propio camino a la sonrisa.

En realidad, tú eres el único que decide si tu ilusión puede cumplirse. Tú eres el único que decide si hoy, mañana o pasado, te ha tocado la lotería.

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