Por: flickr.com/photos/mysza/2918580867/

En mi caso todo comenzó con un viaje a Florida.

Tenía treinta y tantos años, y había dejado un poco de lado mi forma física.  Era una época de mucha expansión económica, el dinero fluía y no era nada infrecuente que algún cliente nos invitara a todos los de la oficina a comer para celebrar algún trato especialmente jugoso.

Comía mal claro. Muy mal. Pizzas congeladas y lasaña también congelada. Y los kilos se iban acumulando en mi estómago. Llegué a los 88, una cifra totalmente inadmisible teniendo en cuenta que mido 1,83. No me gustaba estar así claro, pero pensaba que era una consecuencia inevitable de la edad.

Recuerdo tras un partido de fútbol, comentar con un amigo mirándonos las panzas bastante infladas "Esto" dijo señalándose la barriga " es imposible quitárselo a estas edades".

No hay nada que te limite más que tus propias maldiciones. O las maldiciones de otros que has convertido en tuyas. Durante mucho tiempo creí que eso es cierto. ¿No debería haber visto casos que mostraban lo contrario? No lo sé. Supongo que estaba ciego a esos casos. Que no quería verlos, o que mis prejuicios me impedían que reparara en ellos.

Entonces llegó el viaje a Florida. Quince días. No es que me recorriera el estado caminando. No. Pero estaba ocupado viajando de un lugar a otro. Y al volver del viaje había adelgazado un kilo. No era demasiado para lo que me tenía que quitar. Tampoco notaba mucho el efecto en mi imagen. Sin embargo había una nueva tendencia. Estaba bajando peso.

No hice nada especialmente revolucionario. Creo más en la evolución que en la revolución. Lo único que hice fue empezar a no comer postre tan frecuentemente. Después empecé a intentar comer un poco mejor. A evitar los refrescos azucarados.

Pequeño cambio tras pequeño cambio llegó un momento muchos meses después en que me encontraba cerca de mi peso ideal.

Desde entonces nunca he dejado de vigilar el peso. No creas que soy un fanático de nada. Ni que me despierto comiendo verduras de nombres raros. No. Pero como más sano, hago más ejercicio y también como bastante menos de lo que comía antes. En general tendemos a comer demasiado.

Puedes comer más sano. Puedes sentirte mejor.

En aquel momento pensaba que no podía cambiar. Pero podía. Y lo hice. Y tú ( si no lo haces ya) también puedes hacerlo.

Hay muchísimas ventajas de comer más sano. En el infográfico que está abajo salen todas. Pero yo quiero que además de saber que existen todas esas ventajas, sepas que puedes lograrlo. Sin grandes sacrificios, sin dietas draconianas, solo mejorando cada día un poco.

 

How Your Body Will Change After Eating Healthy #infographicYou can also find more infographics at Visualistan

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3 comments on “Por qué deberías empezar a comer sano.”

  1. Totalmente de acuerdo!! Comiendo sano, no sólo te sientes más ágil físicamente, sino también psicológicamente, duermes mejor con lo que estas de mejor humor y cuando se empieza a ver resultado, aumenta tu autoestima y confianza en tí mismo. Yo en mi caso he tenido que ir a una dietista porque "examinarme" cada semana subiendo a la bàscula delante de la doctora, por no pasar la vergüenza de estar tirando el dinero, he tenido que perder peso a la fuerza. Además de bebidas sin azúcares puedes intentar beber Té verde, te explicó sus propiedades en mi Blog.. Todo un descubrimiento tras mi viaje a China. La duda es como pudiste perder peso en un viaje a USA , imagino que tomarías hamburguesas y perritos light...:)

  2. ¡Fantástica la infografía! Informativa, veraz y optimista, que también es importante. Estoy totalmente de acuerdo pues mi experiencia así me lo confirma. Para mí también ha habido un hecho capital y es el deshacerme (no sólo mental y racionalmente sino sobre todo emocionalmente) de la expectativa: la de perder kilos, la de no tener barriga, la de estar en forma... El camino es a la inversa: introducir todos esos hábitos saludables, a nuestro ritmo, para ir valorando los beneficios que nos reportan con el paso de las semanas, porque son alucinantes. Yo me sorprendo, por ejemplo, durmiendo como un lirón y del tirón, despertándome 5 minutos antes de las 7 y antes de que suene mi despertador, sintiéndome descansada y recargada (cuando antes remoloneaba, me ponía alarmas cada 10 minutos o templaba ante la idea de que sonase a las 7, ¡tan temprano!). Y la fluided, ahora por fin, con la que me entrego a mi práctica de la meditación.

    Lo que me sigue costando una barbaridad es dedicarle tiempo al ejercicio físico, pero estoy en ello, buscando lo que me aporta placer y lo que disfruto, sin imponerme obligaciones sino procurando fluir. Llegaré seguro también 😉

    ¡Gracias!

  3. Me alegro por tu salud que dejases de comer a diario pizzas y lasaña.
    Comer sano no tiene que ser una tortura o un calvario,como dices la idea es ir introduciendo pautas poco a poco.
    Adaptar nuestra dieta a nuestro desgaste diario, yo trabajo sentada,mi dieta no puede ser igual que la persona que trabaja picando piedra,pero eso no quita que ambas sean equilibradas.
    En una época no muy lejana,bebía hasta más de un litro diario de soja,en una analítica me salió el potasio disparado.Todo tiene que estar equilibrado.Claro que puedes comer pizza y lasaña,pero no cada dia.
    Mi dieta se compone básicamente de legumbres,pasta y frutas.Las verduras y ensaladas las tengo que disfrazar con sofritos de cebolla,tomate y jamón,con queso fresco,nueces y tacos de manzana,para que me pasen.En casa nunca tomo postre.
    Hago deporte dos horas, mínimo dos veces por semana,sin contar partidos fines de semana,tampoco todos.Y de la misma forma que pienso que el sobrepeso destroza las articulaciones,un exceso de deporte también, todo tiene que estar equilibrado.
    Los fines de semana normalmente me paso,pues el lunes me lo pego depurándome comiendo por ej, piña que es muy diurética y el tronco es un antibiótico natural extraordinario,con yogurt.Y agua. O comiendo muy muy ligero.
    Mi medida de ingesta ideal:el plato llano para desayunar, el plato de postre para comer y para cenar,el platillo de la taza de café 🙂
    Desde luego que merece la pena comer sano,y si no sabemos, hay que aprender.
    Me parece muy buena idea que hayas explicado tu experiéncia.

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