Para unos el objetivo de la vida es encontrar la felicidad, para otros es tener la mayor cantidad de dinero posible, para algunos más acumular el mayor número de experiencias.

Pero quizá son diferentes maneras de buscar lo mismo. Quizá lo que buscamos todos es la dopamina.

 

Dopamina

Quinn Dombrowski
Delicious dopamine

 

¿Qué es la dopamina?

 

La dopamina es un neurotransmisor que produce un importante efecto en las regiones del cerebro encargadas de la motivación y del movimiento. 

 

La dopamina y la motivación.

 

La dopamina vendría a ser el azucarillo que nos da nuestro organismo cuando hacemos algo que favorece nuestras posibilidades de supervivencia o reproducción. Cada vez que comemos, vencemos en una pelea, nos acostamos con alguien, ganamos dinero, o recibimos un halago, nuestro cerebro suelta dopamina  y nosotros sentimos una sensación de bienestar y a veces incluso de euforia.

Sin embargo no todo es tan bonito. Es relativamente sencillo engañar a las neuronas productoras de dopamina. Y así las drogas pueden conseguir que recibamos "el azucarillo de la dopamina" sin haber sido realmente merecedores de la recompensa. De hecho el efecto en la dopamina de las drogas es muy superior al de las actividades normales.

John Coates en su libro The Hour Between Dog and Wolf: Risk-taking, Gut Feelings and the Biology of Boom and Bust nos explica el efecto de las drogas sobre la dopamina.

 

La comida puede aumentar los niveles de dopamina de un animal en un 50%, el sexo en un 100%. Sin embargo la nicotina lo puede aumentar en un 200%, la cocaína en un 400% y las anfetaminas en un 1000%.

 

Estas cifras yo me las tomaría con un poco de prudencia, porque no creo en las cifras mágicas, pero lo que sí es evidente es que las drogas consiguen engañar a nuestro cerebro y lo hacen de manera poderosa.

 

La dopamina y la anticipación.

 

Una cosa curiosa de la dopamina es que con el tiempo su producción se adelanta a la actividad. En experimentos con monos a los que se les suministraba zumo, al cabo de un tiempo el mono no producía la dopamina al beber el zumo, sino en el momento en que se daba cuenta por las circunstancias de que iba a beber zumo.

Si alguna vez has sentido un subidón mayor cuando ibas a acostarte con alguien que en el mismo momento de hacerlo, seguro que no te extraña demasiado lo que le pasa a los monos del zumo.

Esa anticipación en la producción de dopamina es uno de los motivos por los que es difícil eliminar un hábito negativo si te mantienes en el mismo entorno. La mera presencia en ese entorno te hace anticipar el placer y producir la dopamina, de manera que cuando quieres reaccionar ya es normalmente demasiado tarde.

 

La dopamina y la incertidumbre.

 

Esto seguro que no te sorprende tampoco. Cuanto más esperada sea la recompensa, menor es la producción de dopamina.  No es la misma alegría la del que gana una carrera siendo el favorito, que la del que la gana de forma totalmente inesperada.

Esta característica de la dopamina es posiblemente la que hace que los rendimientos de una actividad placentera sean decrecientes, la que hace que nos acostumbremos a lo bueno que nos ocurre ( adaptación hedónica) y la que hace que nos hagamos adictos a las recompensas variables.

La dopamina y el movimiento.

 

La dopamina no solamente produce efectos en nuestra motivación. También afecta a nuestra disposición al movimiento. La dopamina es la que hace que estemos dispuestos a movernos para conseguir nuestros objetivos. Este efecto es coherente con la anticipación en la producción de dopamina. Si cuando estás en una situación en la que tienes la posibilidad de conseguir un beneficio para tu supervivencia o reproducción la dopamina te hace moverte, es más fácil que consigas ese objetivo.

Además la dopamina te recompensa por ese movimiento destinado a conseguir el objetivo. Por eso se dice que se disfruta a veces más la caza que la consecución de la presa. Porque la recompensa de la dopamina es anticipada y premia el movimiento.

 

¿La dopamina es una maldición o una bendición?

 

Los mecanismos que la naturaleza establece tienen una finalidad, y por eso son buenos. Pero si se usan de manera inadecuada pueden convertir nuestra vida en un calvario.

Hemos de conocer los sistemas que producen nuestros diferentes estados de ánimo, y hemos de evitar a toda costa que otras personas los usen o nosotros mismos los usemos de manera inadecuada.

 

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