¿No te ha desesperado nunca saber que mientras que a veces eres capaz de actuar de una determinada manera, en otras ocasiones eres totalmente incapaz?. ¿No te molesta saber que en ocasiones eres de una manera y en otras ocasiones eres de otra? La respuesta está en la liquidez. Las virtudes y los defectos son líquidos.

Somos líquidos, aunque a veces queramos pensar que estamos congelados en una virtud.

Somos líquidos, aunque a veces queramos pensar que estamos congelados en una virtud.

 

¿Qué significa que una virtud sea líquida? Significa que las cosas no se tienen o se dejan de tener siempre, sino que se tienen o no se tienen en relación con un entorno determinado.

No somos planos sino líquidos.

El ser humano tiene tendencia a los cuentos. A convertir la realidad en una narrativa, hilando entre sí hechos con un hilo que quizá es más bonito que real. Ocurre mucho en la historia, que no se limita a presentar los hechos ocurridos sino que trata de encadenarlos unos a otros, aunque es extremadamente complicado saber si el hecho que precede a otro lo determina o solo lo precede cronológicamente.

Y en los cuentos, los personajes tienen una sola característica, son planos. Un personaje malvado es malvado , un personaje valiente es siempre valiente, uno bueno es siempre bueno y así con todo, con muy escasas excepciones.
Pero la vida real no es así. En la vida real a veces somos valientes, y a veces cobardes, a veces somos buenos y en ocasiones malvados. No hay solidez, sino un nivel líquido que a veces es mucho y a veces es poco.

Valor líquido.

En ocasiones se hace referencia al alcohol como valor líquido. Es una descripción interesante porque muchas veces se aprovecha la falta de consciencia de los condicionamientos sociales derivada del alcohol para hacer cosas que de otra manera serían mucho más difíciles de hacer. Pero en realidad todo valor es líquido.
Recuerda algún momento en el que hayas sido muy valiente. Seguro que lo puedes recordar. Pero a la vez seguro que puedes recordar un momento en el que fuiste muy cobarde. Y también momentos en los que estuviste a punto de ser valiente y fuiste cobarde o estuviste a punto de ser cobarde y fuiste valiente.

En ocasiones basta el aleteo metafórico de una mariposa para que dejes de ser de una manera y pases a ser de otra. Quizá dependa de alguna circunstancia externa, quizá de tu estado de ánimo en ese momento. Quizá cuando ibas a ser cobarde recordaste una cita, una película, una canción, una frase que alguien te dijo en un momento determinado y de pronto decidiste ser valiente. O quizá cuando ibas a ser valiente recordaste alguna experiencia negativa y olvidaste la valentía, plegaste la vela y bajaste la cabeza.

Optimismo líquido.

Ni la persona más optimista del mundo puede sentirse bien cuando ha ocurrido un desastre como la muerte de una persona querida. Ni la persona más pesimista del mundo puede sentirse mal si le han subido el sueldo. El optimismo es también líquido, sube y baja. Puedes haber dormido mal y estar de mal humor y pesimista. Puedes haber tenido una fabulosa noche de sexo con una persona que te encanta y sentir que el cielo es de color rosa.

Bondad líquida.

Quizá un día te levantes pensando que todo el mundo merece una oportunidad. Que todo el mundo actúa básicamente sin maldad y te den ganas de repartir limosnas y apuntarte a varios voluntariados. Pero quizá otro día te puedes levantar sintiendo que la policía debería desalojar a palos a los pedigüeños de las calles.
Quizá en alguna ocasión has ayudado a un amigo desinteresadamente a hacer una mudanza, y en otra ocasión ni te has acordado de devolverle una llamada.

En un interesante experimento, se demostró que las personas decían más la verdad sobre sus datos a la hora de hacer una póliza de seguros si firmaban antes de dar los datos que si primero daban los datos y luego firmaban. ¿No es eso una demostración evidente de que hasta nuestra sinceridad depende de circunstancias mínimas?.

Todos somos líquidos. Abraza lo líquido.

Reconozco que lo de abrazar la liquidez suena a la consigna adolescente para un botellón de fin de semana. Pero es importante, es muy importante, que nos demos cuenta de que somos básicamente líquidos. Porque eso es lo que nos permitirá darnos cuenta de muchas cosas:

- De que el hecho de que las cosas hayan salido mal hoy no significa que no seamos dignos, o no seamos adecuados, sino que las circunstancias que se han dado han llevado a ese resultado. Y cambiando las circunstancias el resultado puede ser totalmente diferente.
- De que no podemos esperar que la gente se comporte siempre de la manera que queremos que se comporten. Si no partimos de la liquidez de nuestra forma de ser, jamás perdonaremos a un amigo que no ha actuado como debía, o a un jefe que un día ha perdido los nervios, o a una novia que nos ha irritado.

 

De que no basta con llegar a conseguir hacer algo de una determinada manera para asegurarnos de que lo seguiremos haciendo de esa manera posteriormente. Mantenerse es ,en ocasiones, al menos tan difícil como llegar.

De que no nos tenemos que asustar cuando estamos en una fase en que no somos como acostumbramos a ser, y solo tenemos que pensar en lo que nos llevó a ser como eramos y volver a hacerlo.

Advertencia.

Que seamos líquidos no quiere decir que no haya tendencias. Que no existan personas que sean en general más valientes que otras, o más optimistas que otras. El líquido sube o baja con la práctica, con la costumbre con la repetición de los actos.
Tolerar la imperfección no debe confundirse con admitir en nuestra vida a una persona que tiene un nivel muy bajo de virtudes que son esenciales para nosotros, ni con admitir en nosotros mismos un nivel así. La cuestión es sólo considerar las cosas en conjunto, el nivel que tiene el líquido de media, y no sólo el nivel en un momento determinado.

Y tú, ¿te consideras líquido o sigues pensando que no lo eres?

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