En las películas de la edad media se suele ver como las personas llevaban una pequeña bolsa atada al cinturón en la que guardaban las monedas de oro. Durante el día iban pagando monedas por algunas cosas, y recibiendo monedas por otras, de manera que el contenido de la bolsa iba cambiando según las actividades que fueran realizando.

Con el entusiasmo pasa lo mismo que con la bolsa de monedas de oro.
Todas las mañanas, uno se levanta con una bolsa de entusiasmo. A veces la bolsa está llena, en otras ocasiones está vacía, eso depende de lo que haya ocurrido en los días anteriores.
A lo largo del día pasan muchas cosas, algunas producen ilusión y hacen que la bolsa se llene más aún, otras, por el contrario, gastan la ilusión existente. El nivel de la bolsa de ilusión va cambiando según va avanzando el día, y al final del día el resto que queda es el que tendremos para empezar el día que vendrá después.
¿Qué hacer por tanto? Quizá lo necesario es darse cuenta de los hechos que nos hacen gastar ilusión y de los que la producen, y sabiendo que siempre ocurrirán cosas que nos restarán la ilusión, preparar para cada día lo que nos haga regenerarla: una cerveza con un amigo, un rato de relajación, una actividad que sepamos placentera. Vigilar el nivel de la bolsa de ilusión, nos permitirá evitar problemas como las depresiones, y todas las consecuencias negativas que se derivan de los estados en que la ilusión desaparece.
Lo mejor para no gastar ilusión sino al contrario, generarla, es realizar todas las actividades con un nivel elevado de intensidad, como ocurría con la dependienta de envolvía con extremo cuidado los cruasanes a la que hicimos referencia en el post anterior. Pero además de esas hay otras muchas estrategias para aumentar el entusiasmo que iremos viendo en sucesivos post.

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