El 18 de Brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799) un golpe de Estado acaba con el Directorio en Francia. Francia llevaba una década desangrándose en una Revolución que devoraba a sus hijos y a quienes no eran sus hijos. El terror reinaba y un hombre se alzó para poner fin al caos. Su nombre: Napoleón Bonaparte.

A Napoleón no le bastaba con el poder. Napoleón quería cambiar Francia y a ser posible el mundo entero. Y lo quería hacer con los cañones y con su estrategia militar, pero también con la inteligencia.

El código de Napoleón aprobado por la Ley del 21 de marzo de 1804, no solamente fue la fuente de la que bebieron numeros códigos europeos y americanos, sino que está todavía en vigor en Francia, aunque obviamente reformado.

En el mundo del Derecho el código de Napoleón es importantísimo, pero no te hablo de él por eso. ¿Por qué te hablo del código de Napoleón?

Por: flickr.com/photos/yalelawlibrary/5637975320/

La ardilla del desconocimiento

Dicen que en la antigüedad, una simple ardilla podía recorrer toda Iberia (España) de rama en rama sin poner un pie en el suelo.

Hoy en día la ardilla lo tendría mucho más complicado, pero una persona podría hacer lo mismo ( en España o en cualquier lugar) con los libros. Podría ir leyendo libro tras libro, sin tocar nunca el suelo de la realidad.

Conocimiento y acción

Hay dos maneras de entender la palabra conocimiento. En la forma más tradicional conocimiento es tener una cierta información. En la versión más moderna, el conocimiento es algo más que información. No basta con tener información, sino que esa información ha de ser empleada o al menos poder ser empleada. 

Pero para hacerlo, primero habría que seleccionar la información adecuada.

El exceso de información

Hoy en día nadamos en información. En su mayor parte es información intrascendente, sobre temas que no nos aportan nada. Pero también hay exceso de información sobre temas que nos interesan y/o (normalmente más bien o) que son necesarios para nuestro trabajo.

¿Cuál es el problema?

La mayor parte de la información ( especialmente la disponible de manera gratuita) es superficial, de poco valor añadido y redundante. 

Navegas página tras página de internet, y lo que encuentras es lo mismo. Dicho de mil maneras o incluso de la misma ( muchos son aficionados al copia y pega).

Yo a veces me lo imagino como un enorme pastel del que muchos invitados se han saciado e indigestado y que cada uno vomita a su manera.

Como además, las mentiras y medias verdades suelen ser más brillantes que las verdades, lo que circula por internet es un eco incesante de ideas mal cocinadas.

La información de la torre de márfil

Además, hay mucha información que nace de personas que no tienen experiencia en la materia. Muchas cosas se pueden descubrir por quien no ha vivido algo. No es necesario haber sido destripador para escribir sobre la vida de Jack el destripador, pero sí es cierto que cuando es información sacada de otras fuentes y no vivida en primera persona, el lector debería ser especialmente cuidadoso.

Hay personas que miran la realidad desde una torre de márfil. Son académicos o meros teóricos. No tienen lo que Nassim Taleb llama "piel en el juego". Y la teoría sin práctica es un dado lanzado al aire.

La codificación de la información

Bien, pongamos que tenemos información valiosa. Diez libros que son oro puro sobre lo que queremos aprender.

Seguimos teniendo un problema.

Nuestra mente tiene suficientes problemas quedándose con un conjunto de ideas. Si pretendemos que se quede, no con un conjunto de ideas, sino con muchos, entonces no llegaremos a ningún lado.

Hemos de convertir toda esa información valiosa en información codificada. Y aquí es donde entra Napoleón.

Napoleón y su código

¿Sabes lo que había antes del código de Napoleón en Francia?

Normas surgidas de la revolución francesa, normas especiales para diferentes grupos de ciudadanos, normas locales.

Napoleón fundió todas esas normas en un solo código. Un código igual para todos. Pero también un código que permitiera que todos pudieran conocer las normas.

Es fácil acumular. Es fácil leer un libro y otro y otro sin pararte a pensar qué tienen en común, y en qué se diferencian.

Pero así es muy difícil aprender. Así acabas teniendo una constelación de ideas sin orden ni coherencia.

La única manera de evitarlo es codificar, convertir toda esa información en un cuerpo coherente.

Cómo codificar

Para codificar has de partir de una estructura. El mismo Napoleón uso la estructura que el emperador bizantino Justiniano había creado muchos siglos antes.

Después en cada punto de la estructura, has de confrontar todas las fuentes y llegar a una posición que resuma lo mejor de cada información.

Cada vez que descubras una información nueva, ponla al lado de la información que ya tienes en ese punto de la estructura y comprueba si cambia algo o no.

Así, poco a poco, recogerás la información esencial de la materia.

Con toda la información agrupada, será más fácil pasar a la acción.

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