convertir la vida en una aventura

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“Solo hay dos maneras de ver la vida, como que nada es un milagro o como que todo lo es”. Albert Einstein.

A veces los días se deslizan por nuestra vida como lagartos que arrastran su panza sobre el suelo respirando de manera pesada. Si esperamos a que sean los acontecimientos de la vida los que le den brillo entonces pocas ocasiones serán brillantes. Es muy fácil disfrutar de unas vacaciones en el Caribe o de que nuestro equipo gane la Champions, pero ser capaz de disfrutar de momentos que en principio podrían ser ordinarios, es mucho más complicado.

En lugar de tener una postura pasiva y esperar a que sean los sucesos los que aporten el color a nuestra vida, propongo una postura activa: ser nosotros mismos los que introduzcamos en nuestra vida el color, el entusiasmo, los que la coloquemos fuera de lo ordinario, los que hagamos que brille.

¿ Y eso cómo se consigue? Como siempre los principios son relativamente sencillos de establecer y lo más complicado es conseguir su aplicación, porque esa aplicación requiere de varias cosas, de creatividad para pensar en cuales pueden ser esos momentos, consciencia para acordarse de llevarlos a la práctica y energía para realizarlos. Levantarse pensando que deseamos que nuestra vida sea una aventura no es suficiente, es necesario establecer momentos concretos de nuestra vida en los que conscientemente busquemos algo con lo que consigamos que sea una aventura. Cada momento de aventura que logremos  reforzará en nosotros esa forma de ver la vida, y nos hará sentir con más fuerza la necesidad de que todos los momentos tengan un poco más de magia.

¿Cómo puede conseguirse eso? Podemos indicar una serie de ideas:

  • Resistir la tendencia a hacer las cosas de la misma manera acostumbrada y arriesgarse a hacerlas de una manera un poco distinta.
  • Mirar las cosas ordinarias desde un punto de vista diferente. Desde un punto de vista distinto, las cosas parecen totalmente distintas a lo que estamos acostumbrados. Así por ejemplo si realizamos una actividad cotidiana como si la estuviera realizando una persona distinta. ¿Cómo miraría un antiguo romano una cena con nuestros vecinos?.
  • Mirar con un detalle y cuidado extraordinario una actividad ordinaria. Por ejemplo desayunar fijándonos con mucha atención en como untamos la mermelada, la mantequilla.

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