¿Crees que necesitas mucho dinero para ser feliz?

Warren Buffett es una de las personas más ricas del mundo, con un patrimonio de miles de millones de dólares.  Probablemente es el inversor más conocido del mundo. Sin embargo sigue viviendo en la casa que compró en 1958 por un precio bastante modesto.

¿Por qué teniendo tanto dinero no se ha cambiado como tantos millonarios a una enorme mansión?

Por: flickr.com/photos/donkeyhotey/12682081283/

 

La frugalidad es una virtud.

 

En los comienzos de Roma, cuando Roma era aún una República y no había tenido emperadores, nada era tan importante como la virtud del ciudadano. Y una de las virtudes principales era la frugalidad. Sin embargo ahora esa virtud está tan olvidada, que incluso seguro que muchos no conoceréis la palabra.

La frugalidad es la moderación en la comida y en la bebida. Pero en sentido amplio frugalidad es la moderación en cualquier tipo de gasto.

No es que no gastes porque no tienes dinero para ello. Es que no gastas porque no tienes necesidad de gastar. Porque te basta con menos cosas para vivir.

 

Warren Buffett y la felicidad gastando poco dinero.

 

En la reunión celebrada este año en Chicago con los accionistas de su empresa, Buffett dio la explicación de porqué es frugal:

 

"Hay cosas que el dinero no puede comprar [en esto está de acuerdo con la publicidad de Mastercard] No creo que el estandar de vida equivalga al coste de vivir pasado un punto. Una buena casa, buena salud, buena comida, buen transporte. Hay un punto en el que empiezas a obtener una correlación negativa entre riqueza y calidad de vida. Mi vida no podría ser más feliz. De hecho sería peor si tuviera seis u ocho casas. Así que tengo todo lo que necesitaría tener y no necesito más porque no hace ninguna diferencia pasado cierto punto. Cuando llegas a 10 veces, o cien veces, o mil veces, eso no hace ninguna diferencia [en tu calidad de vida]". 

Fuente: http://www.fool.com/investing/general/2014/06/08/warren-buffett-finally-explains-why-being-cheap-le.aspx

 

La felicidad y la renta.

 

Consumir más no nos hace más felices.  Pasado un determinado umbral de renta ( que se ha estimado por algunos autores en 20000 dólares al año -aunque yo creo que depende del país) los mayores ingresos no producen un aumento de la felicidad.

¿Cómo aplico yo eso?

Yo creo que hay dos tipos de gastos. Los gastos en cosas que te encantan y los gastos en cosas que te traen sin cuidado.

A mí por ejemplo no me llama la atención comer en restaurantes caros, por lo cuál suelo comer en restaurantes económicos y sin gastar demasiado. Sin embargo me gusta, cuando salgo de fiesta, ir a los mejores lugares, y no me importa pagar más para ello.

Me gusta viajar y no me importa gastar dinero en ello, pero odio gastar dinero en decoración para la casa.

Quizá se trate de descubrir dónde el dinero te aporta algo, y donde, a ti concretamente no te aporta absolutamente nada.

 

Todos sabemos que nos dedicamos a algo con más energía cuando tenemos una motivación dentro de nosotros que nos lleva a hacerlo.

Pero aunque esa motivación sea muy interesante, no es nada fácil generarla en otras personas. Si tú eres el dueño de una empresa, y quieres que tus vendedores consigan unas cifras muy altas, podrías intentar convencerles de lo maravilloso que es su trabajo. Sin embargo parece poco probable que consigas algún resultado en su motivación intrínseca. ¿Al fin y al cabo por eso es intrínseca no?

Por eso es necesario muchas veces acudir a las recompensas extrínsecas, que vienen de fuera. El típico ejemplo es el de las recompensas por objetivos, o primas. Si consigues X, te daré Y.

No hace falta ser psicólogo para saber que las recompensas externas funcionan. Sin embargo durante mucho tiempo, muchos autores han afirmado que al hacer a las personas dependientes de las recompensas externas, pierden fuerza las motivaciones internas. O lo que es lo mismo, que si las personas hacen su trabajo para conseguir un objetivo material, se desconectarán de sus  motivaciones internas.  Según esa teoría las recompensas podrían ser negativas a medio y largo plazo.

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En una investigación reciente ( Ceriacoli y otros 2014)  se han despejado muchas de las dudas sobre la influencia de la motivación interna y la motivación externa:

- La motivación intrínseca es un predictor entre medio y fuerte del desempeño.

- La importancia de la motivación intrínseca para el desempeño se mantiene existan o no existan incentivos. Sin embargo la importancia de la motivación intrínseca es menor si los incentivos están unidos de manera directa al desempeño.

- La motivación interna es mejor para predecir la calidad del desempeño, y la motivación externa para predecir la cantidad del desempeño.

En resumen, según esta investigación, no solo son compatibles la motivación externa y la interna sino que es conveniente considerarlas simultáneamente.

 

A casi todos nos gusta ver el mundo como un lugar ordenado y previsible.  Nos gusta pensar que la gente al final tiene lo que se merece. Al fin y al cabo muchos años de ver películas de buenos y malos con final feliz nos han condicionado para eso. Y ni siquiera podemos echar la culpa solo al cine. Antes de que existiera el cine, el Lobo Feroz recibía su merecido, y la bella durmiente acababa siendo despertada por el beso de un príncipe. 

¿Cuál es el problema de ver el mundo de esa manera?

Si piensas que cada uno tiene al final lo que se merece, cuando tengas un resultado negativo por azar, tu autoestima disminuirá y adoptarás de creencias y comportamientos autolimitadores. Esa es la teoría que llevo a varios investigadores ( Callan y otros 2014) a realizar diversos experimentos.

El resultado de esos experimentos es que los participantes que experimentaron o incluso solo recordaron malos resultados, sufrieron una disminución de la autoestima. Y que esa disminución de la autoestima, incrementó las creencias de merecer malos resultados y produce diversos comportamientos y creencias destructivas.

 

La secuencia sería algo así.

 

espiral negativa

 

Tengo la sensación de que eso nos pasa, tanto a largo plazo como de forma inmediata. Cada vez que algo nos sale mal, disminuye nuestra autoestima y nos entran más dudas. Da igual que la próxima vez sea en un tiempo como si es un examen, un proyecto, una relación, o que sea de manera inmediata, como si fallamos un golpe en el golf o un gol cantado en el fútbol.

El otro día en el partido del mundial entre Chile y Brasil ocurrió una cosa curiosa. Un delantero chileno tuvo una ocasión en el último momento del partido para marcar. El balón golpeó en el larguero y no entró en la portería. No fue un fallo porque no era una ocasión nada fácil, y enviarla al larguero ya tuvo mucho mérito. Pero fue un resultado negativo. Así que posiblemente la autoestima del jugador disminuyó. Cuando le tocó tirar los penaltis, imaginé que lo fallaría. Tengo la hipótesis de que de alguna manera había entrado en su cabeza la idea de que ese día no iba a triunfar. Y así fue. ¿Casualidad? No hay manera de saberlo.

Hay que parar la espiral negativa en el primer momento. Es importante darnos cuenta de que el hecho de que hayamos obtenido resultados negativos no nos debe hacer dudar de nosotros mismos. Y conseguir reinterpretar esos malos resultados como un aviso de que tenemos que trabajar más ( mentalidad de crecimiento) y no como el apoyo de una creencia de que no somos los suficientemente buenos ( que sería una mentalidad fija).

 

ADVERTENCIA: Admito que esta entrada puede resultar un poco complicada. Así que si no te gustan las cosas complicadas, mejor deja de leerla ahora mismo. 

 

¿Cómo saber lo que vale tu tiempo?

Por: flickr.com/photos/arjanrichter/4464855447/

 

Uno de los mayores problemas de tomar decisiones es que tienes que considerar magnitudes distintas. Si he de decidir si me voy de viaje un fin de semana, he de comparar la diversión que puedo conseguir con el coste en tiempo y en dinero que me costará ese fin de semana. Si no hago algún tipo de conversión, no podré hacer el cálculo.

Es como si alguien te diera a elegir un coche o una cantidad de dinero. Si necesitas el coche, lo primero que tendrías que hacer sería saber qué valor puede tener el coche. Si no lo sabes decidir puede ser complicado, pero una vez que lo sepas la decisión será muy muy fácil.

El otro día leí un artículo en inglés que me inspiró para hacer esa entrada. Sin embargo se referían solo a dar un valor a tu tiempo a efectos de decidir lo que vale tu trabajo, y yo creo que se puede aplicar de manera más genérica para toda clase de actividades.

Quizá te hayas encontrado alguna vez en alguna de estas dudas:

¿Me merece la pena coger un tren más rápido que me cuesta 15 euros más, o mejor cojo el tren más lento y me ahorro el dinero?

¿Contrato a una persona para que me haga el diseño de la página web o la hago yo mismo?

Quiero comprarme una cámara de fotos. La he encontrado por un precio, pero quizá si busco la encuentre más barata. ¿Me merece la pena esperar?

¿Limpio yo la casa o contrato a una señora para que me lo haga pagándole una cantidad a la hora?

En cualquiera de esos casos el problema es valorar algo que no tiene un valor económico claro. El problema es cómo saber cuanto vale tu tiempo.

 

¿Cómo se suele hacer ese cálculo?

La aproximación habitual, es la de hacer la valoración de tu tiempo por lo que vale una hora de tu trabajo. Así por ejemplo si yo gano 20 euros a la hora, y la señora de la limpieza me cobra 9, la decisión de contratar a una señora de la limpieza sería obvia. Me estoy ahorrando 11 euros.

Sin embargo, no estoy de acuerdo en esa valoración. Por varios motivos:

- La valoración de mi trabajo la habría de hacer no en función de lo que me pagan por lo que trabajo sino en todo caso en función de lo que me pagarían por trabajar unas horas más. Quizá a mí me paguen 20 euros la hora, pero si quisiera trabajar más, no me pagarían nada o me pagarían a 10 euros la hora.

- Pensar que solo influye lo que dejas de hacer es un error. Quizá a mí me gusta limpiar la casa ( no es el caso desde luego) o quizá lo odio. Según sea uno u otro el caso la valoración de lo dejo de hacer por tener a la señora es diferente.

 

¿Cómo valorar lo que hacemos?

 

Establecer el valor de tu tiempo es complicado. Posiblemente al pensar en ello te darás cuenta de que te haces trampas a ti mismo. Que valoras de manera muy diferente el tiempo en las diversas circunstancias. Que quizá te dedicas como un loco a ahorrar tiempo en unas cosas y que lo malgastas de manera absurda en otras.

Lo mejor es que en cada actividad consideres tres componentes:

El valor del tiempo que dedicas a realizarla.

El valor de la incomodidad o del perjuicio que se te produce. O el valor del disfrute que genera.

El coste económico efectivo.

 

Y cada cosa ( que no sea el coste económico)  la has de valorar en función de lo que pagarías para tenerla o para no tenerla. ¿Cuánto pagarías por tener ese tiempo disponible? ¿Cuánto pagarías para ahorrarte esa incomodidad? ¿Cuánto pagarías para tener ese rato de placer?.

 

Así por ejemplo si un amigo mío me invita a una fiesta en otra ciudad y tengo que ir en avión, podría hacer una cuenta parecida a esta.

- Tiempo destinado al viaje:  48 horas. (Lo veremos luego ).

-Incomodidad:

*Por viajar en avión: - 100 euros.

*Disfrute de estar en la fiesta: + 300 euros.

*reforzar la relación con mi amigo:  + 400 euros.

 

*Por dormir en un hotel y no en mi casa: - 50 euros.

Coste económico del viaje: 200 euros de avión + 140 euros de hotel+ 2o euros regalo + 30 euros transporte+ 60 euros copas.

 

El valor que das a lo que no es coste económico depende de las circunstancias.  Quizá te acabas de divorciar y el disfrute de pegarte una fiesta es muy grande. O quizá ha fallecido un familiar y no tienes ganas de nada. Quizá discutiste hace poco con tu amigo y no quieres perder la amistad. O quizá estás enfadado con tu amigo y no tienes interés en esa amistad.

Y también depende de lo que valga para ti el dinero. Si eres millonario, quizá pasarlo bien lo valores en mucho más dinero. Si estás en la ruina quizá lo valores en muchísimo menos.

 

El valor de cada hora de tu tiempo no es constante.

 

Al hacer antes el cálculo de los valores en el ejemplo no he puesto un valor a las horas que utilizas.

Cada hora de tu tiempo tiene un valor diferente según cómo sea tu vida y el momento en que te encuentres. Para un ejecutivo estresado que trabaja 70 horas a la semana, una hora libre tiene un valor muy grande. Pero el valor no depende de lo que gane en las horas que trabaja, sino del tiempo que tenga libre. Si con el mismo sueldo ese ejecutivo trabajara 20 horas a la semana, el valor de sus horas libres inmediatamente bajaría.

Si estás en el momento de más estrés del año, porque sea la época punta de actividad, el valor de tus horas será alto. Si estás en una época en que no se hace nada el valor de tus horas será bajo.

Por eso eres tú el que ha de determinar el valor de sus horas en cada circunstancia. Pensar en cuánto pagarías por tener una hora más libre. Ese es el valor de tu tiempo. 

 

¿Por qué te cuento todo esto?

 

Si has llegado hasta aquí, te tengo que felicitar. Eres un valiente o una valiente. Es un post bastante extraño. Pero es importante para mí, por dos cosas:

-Por recordar que existe siempre un coste de oportunidad. Que cada cosa que hacemos, dejamos de hacer otras. Y que no existen las comidas gratis.

- Porque posiblemente al hacer el esfuerzo de valorar cosas diferentes, te habrás dado cuenta de que muchas veces cometemos errores graves de cálculo. Que para algunas cosas somos miserables, y para otras nos damos al derroche.

- Porque al calcular el valor de lo que haces y lo que dejas de hacer, te habrás dado cuenta de que tu tiempo tiene mucho valor. Y que matar el tiempo es matarte a ti mismo.  Y que todo lo que no sea sacarle el jugo a tu tiempo trabajando, mejorando lo que eres, o disfrutando, es una forma de morir poco a poco.

 

El sueño es muy importante. De hecho ya dediqué un post a ideas para dormir bien  y otro a cómo hacer la siesta perfecta. Pero el insomnio sigue siendo un problema muy importante, así que he decidido dedicar una nueva entrada a 4 estrategias para evitar el insomnio. 

 

Evitar insomnio

Por: flickr.com/photos/noahbulgaria/270090287/

 

1. No te definas a ti mismo como insomne.

 

Puede que en ocasiones no duermas bien. Puede que en el pasado te haya costado dormir. Pero en todo caso no debería salir de tu boca que eres insomne. Es algo que puede ocurrirte en ocasiones pero no te define ni tiene por qué ser así en el futuro.

 

2. Establece no solo una hora tope  para irte a dormir, sino una hora previa en que comience la relajación.

 

Los buzos, cuando salen de las profundidades no van directamente al barco. Tienen un tiempo de descompresión, para adaptarse a la presión de la superficie. Al dormir conviene hacer lo mismo. Un par de horas antes de irte a dormir evita las actividades estresantes, las personas estresantes ( si puedes) y a ser posible las pantallas de ordenador.

Imagina ese tiempo como una especie de carril de deceleración de la autopista. No puedes ir a toda velocidad con el coche y de pronto quedarte parado delante de la caseta de cobro de la autopista. Para eso existen los carriles en los que vas bajando la velocidad hasta que te paras completamente.

Si por ejemplo te quieres dormir a las 12.00 de la noche, es una buena idea que a partir de las diez te dediques, si te lo puedes permitir, a leer, a ver una serie o a charlar con tu pareja ( si eso no te estresa más claro).

 

Carril de deceleración

 

3. No te tortures si no te duermes de inmediato.

 

No pasa nada. Con los ojos cerrados puedes descansar casi lo mismo que durmiendo. Así que cierra los ojos y respira profundamente. Ana María Matute dijo una vez que al dormirse se imaginaba que estaba cabalgando con los cosacos ( no sé hacia donde). Escoge una fantasía y piensa en ella mientras cierras los ojos y te relajas.

Si un día por lo que sea no has dormido, piensa que tampoco es tan grave. No te castigues y piensa que en realidad lo peor de no dormir no es tu estado físico, sino tus ideas acerca de ese estado físico.

 

4. Considera el tiempo de sueño como algo deseable.

 

Esta para mí es la más importante de todas. A veces nos quejamos de que no dormimos, pero vemos el dormir como una manera de perder el tiempo. Un tiempo que preferiríamos usar en otras cosas.

Lo mejor es mirar el tiempo de sueño como algo placentero.  Como un tiempo que nos apetece disfrutar. A veces las actividades que estamos realizando durante el día, nos hacen olvidar que dormir es algo que puede ser muy agradable.  Y que el momento de meterse entre las sábanas puede ser, uno de los momentos más deseables del día.

Que tengas felices sueños.

Seguro que más de una vez lo has oído. A mí me lo han dicho alguna vez. A veces en su forma más educada "¿Sabes que usamos solo el 10% de nuestro cerebro?" y a veces en la menos educada "¿Sabes que USAS solo el 10% de tu cerebro?". Pero ambas frases, a pesar de sus diferencias tienen una cosa en común.

¿usamos el 10% de nuestro cerebro?

Por: flickr.com/photos/keoni101/8084689965/

 

Son falsas. Rotundamente falsas. 

 

El origen del mito de que solo usamos el 10% de nuestro cerebro.

 

Parece que el mito de que sólo usamos el 10% de nuestro cerebro tiene su origen primero en las investigaciones de los psicólogos de Harvard William James y Boris Sidis que sobre el año 1890 estudiaron el desarrollo de un niño prodigio que llego a tener un Cociente intelectual de 250. Supongo que después de ver a ese niño, esos autores llegaron a la teoría de que la gente solo suele usar una parte de su potencial mental. 

Además los estudios existentes sobre personas que habían sufrido lesiones en parte de su cerebro y que seguían viviendo normalmente, sirvieron también para apoyar la idea de que quizá una parte de nuestro cerebro no estaba usada.

En 1936 Lowell Thomas, escritor americano, se atrevió a poner una cifra, y habló de que usábamos el 10% de nuestro cerebro. 

Desde esa fecha infinidad de libros de autoestima baratos ( o más bien infundados) e infinitas películas han expandido ese mito hasta hacerlo omnipresente.

 

Por qué no es verdad que usamos solo el 10% de nuestro cerebro.

La evolución no permitiría que tuviéramos sin utilizar en su mayor parte un órgano que consume el 20% de la energía de nuestro cuerpo. La evolución habría hecho que el 90% no utilizado del cerebro desapareciera igual que la cola que tenían los monos y que nosotros ya no tenemos. Especialmente cuando el gran tamaño del cerebro humano ha sido el causante de muchas muertes de recién nacidos en el parto. Y además si el 90% no sirviera para nada ¿para qué habría surgido un cerebro tan grande en todos los humanos?.

El daño producido en cualquier parte del cerebro tiene un efecto grave. En tiempos anteriores se pensaba que no se había producido daño alguno, para observar más tarde que sí había un daño que no se había considerado.

Los escaners cerebrales demuestran que nuestros cerebros están siempre activos. Algunas partes lo están más y otras menos. Ello responde a una estrategia para hacer que el cerebro consuma menos energía.  Incluso durante el sueño está activo el cerebro.

 

Diga lo que diga el mito, usamos mucha mayor parte de nuestro cerebro.Pero quizá la cuestión no si usamos todo nuestro cerebro, sino si lo usamos para lo que realmente lo deberíamos usar. 

Si te interesa el tema puedes observar este interesante video que explica todas estas cuestiones.

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