Lo sé, en esta entrada voy de nuevo contra corriente.

De nuevo contra el mantra universal de “fracasa y fracasa rápido”. “Inténtalo” “Just do it”.

También en esto existe la ley del péndulo. El cambio social que va de un lado para el otro sin parar jamás en el medio.

De la mentalidad de no arriesgarse en nada, de quedarse quieto y no hacer locuras, hemos pasado a la mentalidad del salto sin paracaídas. Lánzate, y ya durante la bajada, irás viendo si tienes paracaídas. Y si no lo tenías, haz como Lázaro, levántate.

Ocurre que a mí no me gusta la palabra fracaso. Y menos si tengo que conjugarla en primera persona: “yo fracaso”. Yo no me lanzaría a ningún lado si pensara que voy a fracasar.

Por supuesto puedo hacer experimentos. Me gustan los experimentos. Pero en un experimento no hay fracasos. Hay resultados.

Podemos intentar engañarnos a nosotros mismos, pretender que no queríamos conseguir algo, que solo estamos experimentando. Pero en realidad sabemos que son cosas diferentes. Si yo lanzo un libro, no estoy experimentando nada. Estoy intentando algo. Y si las cosas me salen mal, es una derrota. Y negarse a verlo es jugar a la fábula de la zorra y las uvas que al final estaban verdes.

 

Por:flickr.com/photos/jeffdjevdet/17134243011/

 

Una cosa es desdramatizar la derrota, que es muy sano, y otra pretender que la derrota no existe o que nos da igual. La derrota existe, y nos molesta. Aunque no sepamos las consecuencias a largo plazo. No sabemos si algo será a la larga bueno o malo, pero sabemos que ahora no nos gusta.

Por eso no voy a decirte que fracases. No quiero que fracases. Y además te diré otra cosa.

 

El fracaso está sobrevalorado.

— Ivan Entusiasmado  (@Entusiasmadocom) July 28, 2015

 

Cuando fracasas, no es fácil que aprendas.

 

Por qué no sueles aprender de tus propios fracasos.

En teoría está muy bien. Sufres una derrota. Olvidas los sentimientos negativos y te paras a analizar fríamente lo que ha ocurrido. Sacas tus conclusiones. Sigues adelante. Más fuerte y más sabio. La próxima vez tendrás éxito.

Es una buena teoría. El problema es que casi nunca sucede así. Somos seres emocionales mucho más que racionales. Y cuando reflexionamos sobre una derrota, no lo solemos hacer para extraer lecciones, sino para encontrar una causa que apoye que la culpa no fue nuestra.

En el libro “Smartcuts” su autor Shane Snow nos habla de cómo solemos explicar el éxito y el fracaso propios y ajenos. Siguiendo esas ideas, he elaborado un cuadro que muestra como vemos el mundo. El cuadro de la explicación del éxito y el fracaso.

 

ÉXITO FRACASO
PROPIO CAPACIDAD CIRCUNSTANCIAS
AJENO CIRCUNSTANCIAS CAPACIDAD

 

¿Qué significa este cuadro?

Cuando tú tienes éxito, piensas que es gracias a tu capacidad o habilidad. Si conquistas a una chica, piensas que es porque eres un gran seductor. Si eres ascendida en tu trabajo, piensas que es porque tu capacidad lo justifica. Si tu libro se vende como rosquillas, piensas que es porque escribes muy bien.

Si tú fracasas, crees que es por las circunstancias y no por errores. Perdiste el partido de tenis porque se puso a llover. Tu informe no fue bien recibido porque la gente no supo entenderlo. Ese chico no quiso salir contigo porque estaba en el momento inadecuado. No quieres pensar que es culpa tuya porque eso te haría sentir peor.

Si otra persona tiene éxito piensas que es por las circunstancias. Si el escritor que más odias ha vendido muchos libros,  crees que es por la estupidez del público. Si la persona que odias ha encontrado alguien fascinante, piensas que es por la maldita suerte de estar en ese lugar en ese justo momento. Si el compañero de trabajo que peor te cae ha sido ascendido, es porque el jefe le tiene simpatía.

Si otra persona fracasa, lo atribuyes a errores que ha cometido.  Si el restaurante de debajo de casa ha tenido que cerrar las puertas, ha sido porque no se ha dado cuenta de que tenía los precios demasiado altos para este barrio. Si Pedro ha sido ignorado por María, es porque sus modales son demasiado toscos.

Si examinas tus experiencias pasadas, verás que normalmente siempre has actuado así.

 

¿De dónde sacar las enseñanzas?

 

Por:flickr.com/photos/wonderlane/5326118405/

De las cuatro posibilidades de resultados, hay dos de los que se pueden extraer pocas enseñanzas. En caso de fracaso propio o de éxito ajeno,  como consideramos que todo se debe a las circunstancias, no vamos a estar muy inclinados a extraer consecuencias útiles.

Nos quedan el éxito propio y el fracaso ajeno.

Pero el éxito propio tiene un par de problemas como fuente de lecciones.

El primer problema es que cuando tenemos éxito no solemos pararnos a considerar nada. Piensa en cuando has aprobado un examen, conseguido tener una relación con alguien que te gusta, o subir de puesto. ¿Te has parado a pensar por qué ha ocurrido?, ¿has meditado sobre las causas? Si eres como yo, lo más probable es que te hayas limitado a disfrutar del éxito, e incluso a dejar que se te suba a la cabeza un poco (“¡Soy la leche!” “Con un par” “biennnnn”).

El segundo problema es que el motivo del éxito es más difícil de determinar que el del fracaso. El éxito suele deberse a un conjunto de causas que están en equilibrio. El fracaso, a veces, consiste simplemente en un elemento que está fuera de lugar.

Para conseguir un ascenso posiblemente  tienes que ser trabajador, hábil, llevarte bien con el jefe, con los compañeros, con los clientes, no haber dado problemas, no haber pedido demasiadas bajas y haber obtenido unos resultados objetivos favorables. ¿Cuál es la causa de ese ascenso? Muchas a la vez y en equilibrio.

Sin embargo un resultado desfavorable sí es normalmente más reducible a una sola causa. Es probable que si te echan del trabajo sepas si es porque has tenido problemas con el jefe, con los compañeros, con el jefe, si has faltado mucho o si los resultados objetivos han sido negativos.

Igualmente si un restaurante tiene éxito, es porque la ubicación, precios, servicio y comida son como mínimo aceptables. Pero basta que uno solo de esos elementos sea desastroso para que se produzca el fracaso.

 

El fracaso ajeno.

Eliminando como fuentes de aprendizaje el éxito y el fracaso propio y el éxito ajeno, nos queda solo el fracaso ajeno.

En el fracaso ajeno podemos aislar las causas y examinarlas sin implicación emocional. El fracaso ajeno es la mejor manera de aprender.

Solo hay un problema.

Al analizar el fracaso ajeno no te puedes fiar de las confesiones de quien ha fracasado. Porque esa persona va a hacer todo lo posible para justificarse. Así que has de fundar tu juicio en tu conocimiento personal o en el análisis hecho por una tercera persona.

 

Las otras fuentes de lecciones.

No pretendo decir que el fracaso ajeno sea la única manera de aprender. Solo digo que es la más fácil de aplicar sin cambiar nuestra naturaleza. Si somos capaces de dejar al lado nuestro ego, nos será más fácil extraer lecciones de nuestras derrotas y de los éxitos ajenos. Si somos capaces de detenernos y analizar,  podremos sacar enseñanzas de los éxitos de los demás.

Todo eso es posible. Pero requiere cambios en nuestra forma de ser. Cambios que son beneficiosos y convenientes, pero que implican mucho trabajo.

Mientras lo conseguimos y no lo conseguimos, ¿por qué no aprender del fracaso ajeno?

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2 comments on “Deja que otros fracasen por ti.”

  1. A mi no me parece que vayas en absoluto contra corriente. Te felicito por tu artículo. Para mi no existe la palabra "fracaso". Cuando no me gusta un resultado busco la manera de dar con otro que se ajuste más a lo que quiero. Si lo dejase de hacer, me perdería en un mar de estancamiento y aburrimiento mayúsculo.

    Me gusta mucho la frase de Nietzche que dice que lo que no te mata, te hace más fuerte.Muchas veces tienes que morir para poder renacer.

    Y el éxito no se entiende tampoco(quizás un cúmulo de fracasos llevados con mucha elegancia y cierto desapego). Al fin y al cabo, creo que obtenemos éxito y fracaso en función de la mirada de los demás. Quizás prefiera el término "Victoria".

    Enhorabuena por hacernos llegar esta reflexión.

    Un saludo.

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