Siempre he pensado que el poder de nuestra mente es enorme para decidir lo que hacemos.

Ante una situación concreta, siempre he creído que teníamos la libertad y la capacidad para decidir nuestra reacción.

Y en parte es verdad.

Somos libres. Somos libres de reaccionar como queramos. Pero la libertad no basta.

Soy libre de saltar 8 metros en salto de longitud. Pero esa libertad no me basta para saltar tan lejos.

Además de la libertad se necesita la capacidad para elegir nuestra reacción. Y ahí es donde las cosas se ponen un poco más complicadas.

Por: flickr.com/photos/eyeliam/8751027299/

Mente plenamente consciente

Es teóricamente posible llegar a un estado de consciencia en el que seamos capaces de tomar las decisiones correctas en tiempo real.

Algunos monjes lo hacen. Y sin ser monjes, algunas personas se acercan a ello.

Yo nunca he sido capaz. Al menos no de forma continua.

Es cierto que cuando medito, es como si mis pensamientos circularan más despacio. En algunas ocasiones he llegado a detener mi reacción inicial y cambiarla sobre la marcha.

Pero lo admitiré: son pocas veces.

En la mayor parte de las ocasiones mi reacción a los acontecimientos ha sido espontánea e involuntaria. Me han insultado y me he ofendido, me he puesto a discutir y he pretendido tener razón, han atacado mi ego y me he lanzado a la lucha.

Así que últimamente estoy llegando a otra idea.

Somos libres para decidir nuestra reacción. Pero no solemos ser capaces de elegirla.

Es como un pinball.

La mente es como un pinball

Nuestra mente es como una máquina de pinball. Una de esas máquinas que lanzan una bola de acero que va rebotando contra diversos obstáculos hasta caer cerca de unos mandos con los que tenemos que volver a empujarla hacia arriba.

Una vez que la bola arranca, podemos mover un poco la mesa, pero incluso así, no vamos a alterar demasiado la trayectoria de la bola.

La bola caerá donde toque según el impulso dado inicialmente a la bola y los obstáculos que se encuentre en el camino.

A mí me parece que la mente es así. Que es muy complicado cambiar nada sobre la marcha. Que si queremos cambiar algo, lo que hemos de hacer es cambiar cómo está estructurada.

Dónde rebotamos

Los acontecimientos de nuestra vida rebotan en nuestras creencias y hábitos. Según cómo sean estos,  un suceso puede producir una reacción u otra.

¿Por qué me gusta la imagen del pinball?

Esa imagen me recuerda la importancia de prepararme. Me hace ser realista en las pocas posibilidades que tengo de decidir cómo reacciono en el momento.

Ojalá pudiera cambiar mi actitud con un chasquido de dedos. Estoy seguro de que otra gente puede. Yo no. Yo tengo que entrenar mis reacciones para que sean automáticas. Para que la bola caiga justo donde quiero que caiga sin necesidad de mover la mesa.

Y eso no implica una renuncia a estar plenamente presente. Al contrario. Quiero mejorar mi presencia, quiero ser cada vez más capaz de cambiar mi actitud y mi comportamiento en el momento. Pero siempre sabiendo que es mucho más fácil trucar la mesa que intentar mover la bola.

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