Cuando tratamos de ser eficaces, pensamos en cualquier tipo de truco para conseguir hacer más cosas en menos tiempo. Las tareas son muchas, cada día más, y no tenemos tiempo para todas, así que vamos como el conejo de Alicia, intentando correr para llegar a todos lados.

Pero no es posible.

Hemos de cambiar nuestra mentalidad, y una buena manera de cambiar la mentalidad es cambiar las preguntas que hacemos.

La mejor pregunta para mejorar tu productividad

En su libro Great at Work, Morten T Hansen nos da la pregunta clave para ser más productivos:

En lugar de preguntar cuántas tareas puedes abordar dadas tus horas de trabajo, pregunta de cuántas puedes deshacerse dado lo que debes hacer para sobresalir

A lo largo del día tenemos muchas tareas que no nos aportan gran cosa. Solamente suponen una carga en nuestro día a día sin casi producirnos ningún beneficio. Ese tipo de tareas son las que tenemos que cortar.

La supresión de cualquier tarea improductiva es un éxito, pero si además consigues eliminar una tarea que sea recurrente, de esas que tienes que hacer todas las semanas o incluso todos los meses, el éxito será mayor.

Pregúntate: ¿de qué tareas te puedes deshacer sin que suponga un perjuicio?

un poco más

No creo que importe cómo sea de grande o de pequeña la tarea.

Si lo puedes hacer solo un poco mejor de lo esperado, serás notado y recompensado.

 

Un poco mejor

Cuando tenemos que hacer algo, nos solemos conformar con hacerlo a un nivel suficiente.

Está bien, podemos sobrevivir así. Pero si quieres llegar lejos tienes que hacer algo más.

Los americanos lo llaman "walk the extra mile" Caminar la milla extra. Hacer un poco más de lo que tienes que hacer. Si lo haces así, alguien se dará cuenta. Alguien se sorprenderá de que hayas ido más allá, y querrá trabajar contigo en lugar de con los que simplemente cumplen el expediente.

Y por supuesto no es aplicable solo a los negocios. También es aplicable a las amistades. Puedes ser el único que llama a ese amigo que está solo a ver qué tal se encuentra, puedes ser el único que le diga al conductor del autobús de tus hijos que le agradeces lo bien que ha llevado el autobús todo el año.

Hazlo un poco mejor, solo un poco mejor, y serás recompensado.

 

En la entrada anterior hablé de cómo ser como el fuego y usar todo lo que la vida nos lanza para brillar con más fuerza.

No se trata de creer que todo es maravilloso. Ese no es el tipo de positividad que yo propongo. Se trata de elegir, entre todas las miradas posibles, aquella que sin separarse de la realidad, nos permita ser lo más felices que podamos.

Hoy he encontrado en redes sociales una imagen que resume muy bien esto:

Definir la situación por lo positivo

Un árbol deja caer flores. ¿Es una maldición o una bendición? Depende de la mirada, y depende de las circunstancias.

En la imagen a los paseantes no les importa que el suelo quede lleno de flores, no es el suelo que está delante de su casa. Ellos solo reciben la parte positiva. Para ellos es fácil mirar la caída de las hojas con buenos ojos.

La señora recibe la parte negativa. La entrada de la casa se le llena de flores. Este es el mejor ejemplo de cómo aplicar la mirada positiva, porque la señora si puede escoger entre dos miradas:

  1. Pensar que tiene la entrada de la casa sucia, aunque sea de hojas bonitas. Con este pensamiento es muy probable que no se sienta muy bien.
  2. Pensar que tiene la entrada de la casa llena de hojas de un color precioso, aunque tenga que barrerlas. Con este pensamiento, es muy fácil que se sienta bien.

Como ves, no se trata de negar la realidad. No se trata de decir que no hay que limpiar las hojas. Eso sería engañarse. Esa sería una positividad absurda.

Se trata de priorizar. De poner delante lo positivo y poner detrás lo negativo. 

A veces será más fácil y a veces será más difícil. Casi todas las situaciones tienen una parte buena y una parte mala, pero a veces la parte buena es muy pequeña y a veces es muy grande.

Pero ¿cómo se prioriza?

En mi opinión lo esencial es definir la situación por la parte positiva. Y digo definir la situación y no poner la atención, porque la atención puedes necesitar ponerla en lo negativo. Puedo tener que limpiar las hojas del árbol, y estar pendiente de la limpieza, pero definir la situación como "un inconveniente de disfrutar la caída de hojas de colores". O definir la situación como "la maldición de limpiar otra vez las hojas del árbol".

Es la definición de la situación lo que marca la diferencia. Define las situaciones por los elementos positivos en lugar de definirlas por los negativos y estarás un poco más cerca de la felicidad.

¿Cuál es la edad a la que más huella te dejan las canciones?

A 470 participantes en un estudio se les se les mostraron los títulos y artistas de 111 canciones populares que habían aparecido en las listas entre 1950 y 2015 y calificaron el grado en que tenían recuerdos autobiográficos asociados con cada canción, así como el grado en que estaban familiarizados con la canción y les gustaba.

En ambas cuestiones: tanto los recuerdos asociados como la familiaridad con las canciones el mayor efecto resultó estar en la adolescencia ( alcanzando la cima alrededor de los 14 años).

Así que posiblemente las canciones que más te han influido en tu vida las escuchaste alrededor de los 14 años.

En mi caso puedo decir que recuerdo muy bien algunas canciones de cuando era adolescente. Pero ¿es porque las he escuchado más veces? ¿es porque las que recuerdo son solamente las buenas? ¿es porque era adolescente? o ¿es porque las canciones eran simplemente mejores?

Es muy difícil de decir. El estudio eso sí, está ahí.

fuente: https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/2059204320965058

 

Seguro que muchos de vosotros recordáis el anuncio de BMW en el que salía Bruce Lee diciendo "be water my friend" ( o "be as water").

 

Es una metáfora hermosa: adaptarse a lo que nos rodea, en lugar de resistirlo. Siempre me ha gustado.

Pero hoy he leído otra metáfora tan poderosa como esa. No ser como el agua, sino ser como el fuego. Marco Aurelio en su libro de Meditaciones lo menciona:

(...)al igual que el estómago fuerte asimila todos los alimentos, como el fuego brillante reduce a llama y resplandor cualquier cosa que le eches.

En otro pasaje del libro lo explica más en detalle:

El dueño interior, cuando está de acuerdo con la naturaleza, adopta, respecto a los acontecimientos, una actitud tal que siempre, y con facilidad, puede adaptarse a las posibilidades que se le dan. No tiene predilección por ninguna materia determinada, sino que se lanza instintivamente ante lo que se le presenta, con prevención, y convierte en materia para sí incluso lo que le era obstáculo; como el fuego, cuando se apropia de los objetos que caen sobre él, bajo los que una pequeña llama se habría apagado. Pero un fuego resplandeciente con gran rapidez se familiariza con lo que se le arroja encima y lo consume totalmente levantándose a mayor altura con estos nuevos escombros.

Ser como el fuego

Sé como el fuego, que usa todo lo que se le arroja para alzarse a mayor altura. 

No basta con adaptarse. Hay que usar todo lo que nos llega.

No basta con sobrevivir. Hay que brillar.

No basta con salir adelante. Hay que levantarse más alto.

Ser como el fuego es un concepto básico para nuestra vida diaria. 

Es una especie de jiujitsu mental. Usar la fuerza de las cosas , incluídas las negativas, para ser más fuertes.

Ante cada situación que se plantee en la vida, puedes preguntarte ¿cómo puedo brillar más con esto?

Si tu bebé está llorando, pregúntate ¿cómo puedo incorporar esto y brillar más? Quizá la respuesta es que puedes aprender a disfrutar de cosas que no imaginabas o aprender paciencia.

Si tienes muchísimo trabajo en la oficina, quizá la respuesta es que puedes aprovecharlo para aprender a manejar la tensión o para aumentar tu capacidad de reacción.

Si te han dejado, puede que eso te sirva para aprender a ser más independiente, o para aprender a seleccionar mejor con quién relacionarte o para descubrir cómo ser mejor.

 

El esquema básico de ser como el fuego seria el siguiente:

Cualquiera que sea el obstáculo, el resultado ha de ser que tú mejoras, que tu fuego brilla más, que has sido capaz de incorporar o absorber el problema y usarlo a tu favor.

¿Serás capaz?

La paradoja del barco de Teseo

En su libro sobre el mítico Teseo, Plutarco, el historiador griego escribe lo siguiente:

"El barco en el cual volvieron (desde Creta) Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaron hasta la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre los filósofos sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era".

Esa es la llamada paradoja del barco de Teseo.

Douglas Adams en su libro Last Chance recoge un caso parecido:

Yo recuerdo que una vez en Japón, fui de visita al Kinkaku-ji en Kioto y me sorprendí al observar lo bien que el templo había resistido el paso del tiempo desde que fuera construido en el siglo catorce. Entonces me explicaron, que en realidad el edificio no había resistido, ya que de hecho se había quemado hasta los cimientos dos veces durante este siglo. Por lo que le pregunté a mi guía japonés "¿O sea que no es el edificio original?".

"Al contrario, por supuesto que es el original", me contestó, un tanto sorprendido por mi pregunta.
"¿Pero no se incendió?".
"Sí".
"Dos veces".
"Muchas veces".
"Y fue reconstruido".
"Por supuesto. Es un edificio histórico importante".
"Con materiales completamente nuevos".
"Por supuesto. ¡Si se había incendiado!".
"Pero entonces, ¿cómo es posible que sea el mismo edificio?"
"Siempre es el mismo edificio."
Y tuve que admitir que este era un punto de vista perfectamente racional, solo que partía de un postulado completamente inesperado. La idea del edificio, la finalidad del mismo, y su diseño, son todos conceptos inmutables y son la esencia del edificio. El propósito de los constructores originales es lo que sobrevive. La madera de la que está construido decae y es reemplazada todas las veces que sea necesario. El preocuparse por los materiales originales, que solo son recuerdos sentimentales del pasado es no saber apreciar al edificio."

Todo ello nos lleva a una pregunta, la propia de la paradoja del barco de Teseo. ¿Cuándo deja algo de ser lo que es? ¿cuándo ha cambiado tanto que ya no merece ser considerado de la misma forma?

Las causas de Aristóteles

Aristóteles decía que hay 4 tipos de causas:
La causa material: de qué está hecho algo. Por ejemplo un templo está hecho de mármol.
La causa formal: el diseño que tiene. En el caso del templo sería la estructura que se le ha dado en los planos y que se plasma en la realidad.
La causa eficiente: quién ha hecho que sea así. En el caso del templo, sería el arquitecto.
La causa final: para qué está hecha la cosa. P. ej: Para adorar a Atenea
En el caso del barco de Teseo, aun después del cambio de todas las piezas de madera, la causa formal sería igual (el barco tendría el mismo tipo de estructura). En cuanto a la causa final, también tendría el mismo destino que es navegar y llevar a las personas de un lugar a otro. La causa material habría cambiado porque serían tablones distintos. En cuanto a la causa eficiente a lo largo del tiempo serían constructores distintos.

Las causas de Aristóteles
El cambio constante

Decía Heráclito que no te puedes bañar dos veces en el mismo río, porque el río ha cambiado. Pero nadie que pasa por un río todos los días siente que sea un río diferente. ¿Entonces es el mismo río o no?

El problema es nuestra tendencia binaria. Nuestro deseo de responder a las preguntas con un sí o un no, cuando casi siempre la respuesta es sí y no al mismo tiempo.

El río es el mismo y no es el mismo. El barco de Teseo es el mismo y no es el mismo. Tiene cosas que son iguales y cosas que son diferentes.
El considerar que algo es igual o no es igual, cuando ha habido algún cambio por mínimo que sea es una cuestión subjetiva.

La causa material en los recuerdos

De hecho, si me tuviera que mojar en el caso del barco de Teseo, diría que deja de ser igual cuando se han cambiado todas las piezas.
El valor de un recuerdo, no es solo el de recordar algo, sino el de establecer un puente material con el pasado. Por eso para la memoria la causa más importante es la causa material.

Ver la pulsera que regalé a la persona que amé, producirá un efecto muy grande en mí, aunque esté deteriorada. El mismo modelo de pulsera, aun pareciéndose más a la pulsera que regalé en su momento, no produciría en mí el mismo efecto.

En 1999 el dibujante Todd McFarlane pagó algo más de 3 millones de dólares por una pelota de beisbol. Como cualquier otra pelota es redonda, blanca y está cubierta de dos capas de piel, pero su valor emocional es incalculable, porque es la bola de béisbol con la que Mark McGwire llegó a su home run número 70. ¿Qué valor tendría una pelota que reprodujera al detalle la pelota de McGwire? Muy poco posiblemente. Es el hecho de que ese trozo de piel estuviera presente en un momento histórico lo que hace que tenga valor.

 

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